Ferrer saquea el templo de Nadal

Antonio Arenas desde la ciudad de Madrid

“He tenido que esperar 10 años para ganarle en tierra batida, ha sido una larga espera”. Rafa Nadal tenía 16 años cuando  fue derrotado por Guillermo Coria en la tercera ronda del Masters de Montecarlo. Desde entonces, 48 victorias y una derrota contemplaban su bagaje en el primer gran evento de tierra batida de la temporada. Hoy David Ferrer se ha convertido en el tercer jugador de la historia capaz de doblegar a Nadal en Mónaco desquitándose de 10 años de sequía frente al balear sobre esta superficie tras dos horas y trece minutos de envite (7-6, 6-4).  Mientras España se sumerge en las profundidades de la semana más santa del año, dos costaleros del tenis han vuelto a demostrar en Montecarlo que el sufrimiento forma parte de un deporte de talento y agonía.

Rafa, que tan solo había  cedido 9 juegos ante Gabashvili y Seppi otea en los prolegómenos del encuentro un panorama de exigencias mayúsculas. David Ferrer habrá evocado una y otra vez el calvario que vivió en la final de Roland Garros y no desaprovecha opción alguna para mostrarse agresivo, audaz y osado. Tras ganar su saque con solvencia, David conduce el partido hacia una insólita dimensión mediante un break que le ubica en una inmejorable órbita para eclipsar la iniciativa de Nadal. Una doble falta de Rafa y una pelota que se ahoga detrás de la línea de fondo ensartan el 2-0 inicial.

Rafa respira a través de su celosía y vuelve a la carga. Aporrea con el tambor de su drive cada línea e incoa una nueva saeta cada vez que su revés se incrusta en el penitente terreno de su adversario. Tras casi 16 minutos de juego y cinco puntos de break salvados por el oriundo de Javea, Nadal consigue ralentizar el juego y llegar a bolas imposibles para quebrantar finalmente el servicio de David. Es la guerra. Resuenan las cornetas en el Country Club de Montecarlo a ritmo de breaks y se suceden las escaramuzas tanto en el fondo de la pista como en las cercanías de la red. La circunstancia es insólita: de los cinco primeros parciales, cuatro se obtienen al resto. El efectivo porcentaje de primeros servicios que antaño sirvió al número 1 para encarrilar partidos complejos hoy se evaporó durante tres largos cuartos de hora. Nadal tardó 46 minutos hasta que ganó su primer saque para igualar la primera manga a tres juegos. La intensidad es solo asumible para dos portentos físicos acostumbrados a transitar por la jungla de la presión en el circuito. Rafa, lejos de sentirse cómodo en la pista, se abona a la táctica de la supervivencia para llegar al 5-5. En su mochila, un heterogéneo saco de puntos labrados con fe y consistencia y una ristra de 22 errores no forzados acompañados de un segundo saque estéril.

El desgaste físico y psicológico es leonino. Nadal no lucha solo contra David Ferrer, juega también contra su propia biografía y con esa posibilidad de expulsar a José Luis Clerc en el top-10 de jugadores con más partidos de la historia sobre tierra batida. Su semblanza registra 300 triunfos, pero los 269 laureles en arcilla cosechados por su rival hoy parecen multiplicados por mil.

Por eso no hay caras de sorpresa en Montecarlo cuando Nadal y Ferrer desembarcan en el puerto del tie-break del primer set. Lo que sí sorprende es su desenlace. David llevaba casi siete años sin adjudicarse una muerte súbita ante Nadal (US Open 2007) y hoy, tras seis puntos consecutivos se apropia del primer set tras una hora y 25 minutos consumidos de ardua contienda.

Llegados a este punto, Ferrer decide vestirse con su capirote de nazareno y mirar al frente. Es imprescidible resetear de su memoria el rosario de encuentros forjados con más misterios dolorosos que gloriosos. Desde que David doblegase a un imberbe Rafa en la tierra de Stuttgart en 2004, el de Jávea ha sido incapaz de tumbar a su adversario en los 17 encuentros posteriores disputados sobre arcilla. ¿Qué sentido tiene profundizar en un pasado ya manido y caduco?

 David sostiene el báculo de la confianza y desprovee a Rafa de su saque en el umbral de la segunda manga. “Es ahora, es ahora” grita Ferru tras ubicarse 3-1 ante la mirada nerviosa y excitada de  sus capataces José Altur (entrenador) y Rafa García (preparador físico). Avanza el set y Toni Nadal bracea, gesticula y aguanta paciente bajo las sombras cuando Nadal pierde el servicio y se queda a merced del saque de David. Ferrer peridí tanto su servicio como el resto posterior, pero a la tercera consiguió hacer historia. ”Lo había hablado con Altur. Teníamos claro un esquema. He podido aguantar las embestidas de rafa y no me he salido de mi patrón de juego. Pero con Rafa o tiras winners perfectos o Nadal te come” atestigua un satisfecho Ferrer ante las cámaras de Teledeporte.

Nadal, que tan solo había perdido tres partidos en 2014 tendrá que esperar a torneos venideros para clamar venganza con Stanislas Wawrinka o Novak Djokovic. “Ojalá pueda jugar con Novak más veces. Cada vez que juegue con él quiere decir que es una final” pronunció Rafa tras sucumbir en Indian Wells. Ahora la puja por la hegemonía mundial se agudiza. El número uno del mundo debía completar un pleno de 27 victorias para sumar puntos en la gira de tierra batida y no podía permitirse deslices, en rondas “tempranas”.  Montecarlo era el único balón de oxígeno antes de comenzar la defensa de todos los cetros sobre tierra (Barcelona, Madrid, Roma y París).

Bajo las nubes de Montecarlo Novak Djokovic se sonríe. En Viernes Santo el que ha vivido un Vía Crucis ha sido Rafa Nadal. 

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