Feliciano, maestro del desempate

Rafael Plaza desde la ciudad de Londres

Esto es tenis en blanco y negro, un poema al saque, versos de alabanza al tiro donde comienza todo. Para llegar a los octavos de final de Wimbledon, Feliciano López dispara 34 servicios directos antes de remontar 6-7, 7-6, 7-6 y 7-5 a John Isner, que acaba con 52. Tras la lluvia que detiene el partido durante casi una hora, el ganador alza los brazos celebrando una sola rotura de servicio (más de dos horas y media tienen que pasar para que eso suceda), se enfrenta a tres desempates consecutivos, que debe ser como correr sobre hielo huyendo del fuego porque la sensación de peligro es constante, y a una lluvia de pelotazos sin retorno. El partido, en consecuencia, se decide en un puñado de puntos (157 suma el que vencedor; 148 el derrotado) que son para el español, un competidor nacido para jugar sobre césped que a los 32 años se enfrentará con el suizo Wawrinka (6-3, 6-3 y 6-4 a Denis Istomin) tras llegar al tercer grande del año con una final en Queen´s y el título en Eastbourne, los dos torneos previos a Wimbledon.

“Mantener la concentración ha sido clave”, explica López tras tumbar al número 11 del mundo. “Intentar adivinar en algún momento dónde te puede llegar a sacar. Y sobre todo no distraerte al saque. Lo tengo un poco más fácil porque el servicio es mi mejor golpe, pero otros jugadores sufren mucho ante Isner”, sigue. “De todas formas, he jugado muy bien, he fallado muy poco y me he sentido muy cómodo”.

Caen las bombas sobre la hierba. Tiemblan los muros de la pista, sacudidos por golpes violentos como el mar que choca contra las rocas. Se estremece la grada, que vive el pulso asombrada por la resistencia de uno y otro en los momentos importantes y aplaude cada saque directo reconociendo una forma de jugar que hoy casi no existe. Los dos rivales se mueven por instinto al resto. Como el portero que se lanza a intentar cazar un penalti, ambos esperan hasta el último momento para tirarse hacia uno de los dos lados del cuadro de saque. Ganar un punto sobre el servicio del rival es un tesoro preciado. Feliciano suma el 27% de esos peloteos por un 20% de su rival. Siempre hace más que el estadounidense, siempre lo busca con una fe mayor que su contrario. El resto, que termina por decidir la cuarta manga y el partido, es el primer paso hacia el triunfo.

Feliciano necesitó 2h47m para lograr el único break del encuentro

“¡Bien bloqueado!”, le gritan desde su palco al español mientras devuelve como puede los saques de Isner, casi siempre colocando la raqueta con la única intención de poner la pelota en juego para provocar un debate y huir del soliloquio impuesto por los cañonazos del estadounidense. En la pelea por los intercambios, el revés cortado de López actúa como caparazón y guía. Una y mil veces acuna el número 26 la pelota con ese golpe para resistir los embates de Isner. Una y mil veces mece sus disparos con ese recurso que tan bien funciona sobre hierba, obligando a Isner a agachar el corpachón y invitándole al error. Una y mil veces viaja la bola a ras de suelo envuelta en efectos endiablados, provocados por la técnica de un tiro sutil y el efecto que provoca al botar sobre la superficie. 

En cualquier caso, la envergadura de Isner (2,08m y 108kg) no es una carga para que sus desplazamientos por el fondo de la pista sean ligeros y certeros. A diferencia de otros gigantes como Karlovic, el estadounidense es capaz de aguantar el ritmo desde atrás sin que eso le provoque una hemorragia de errores (acaba el encuentro con 27 no forzados por los 80 ganadores que firma) y tiene el talento para fabricarse restos ganadores, que durante el duelo va soltando gracias a sus manos rápidas. 

El español se medirá a Wawrinka por los cuartos de Wimbledon

Así se llega el desempate de la primera manga, donde el español tiene pelota de set al resto (6-6 y 7-6) y pierde porque su rival acierta lanza los dardos más cerca de la diana . Así se llega al desempate de la segunda, después de que Isner salve las cuatro primeras bolas de rotura del encuentro (con 5-5) y es entonces Feliciano el que gobierna, empatando el partido. Así se llega también al desempate de la tercera, con el español anulando una situación de esas que un partido así no tienen retorno (2-2, 15-40) y emergiendo victorioso de otra muerte súbita. Así, finalmente, después de 2h47m, rompe López el servicio del número 11 y lo celebra consciente del peso que tiene: ahí está la victoria.

Sorprendentemente, Feliciano tolera esos momentos de presión con calma. Ni perder el primer set ni verse peleando en el alambre que es el tie-break en las dos siguientes le hacen virar el rumbo. Sus regularidad durante toda la tarde (solo 10 errores no forzados comete) y el tino afilado con la tensión brotando con fuerza le permiten competir unos octavos en Wimbledon por sexta vez en su carrera. Sin tiempo para descansar como consecuencia de la lluvia que arrasó Londres el sábado, y la decisión de la organización de no violar el tradicional domingo de descanso, el español jugará por estar en cuartos con el campeón del Abierto de Australia. En la catedral de la hierba, un desafío que tiene la misma altura para los dos.

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