Federer va muy en serio

Rafael Plaza desde la ciudad de Londres

La eléctrica atmósfera del O2 Arena se convirtió en un concierto de rock and roll (¡cómo lo celebró la gente! ¡cómo aplaudieron! ¡cómo cantaron!) cuando Roger Federer cerró una victoria de las que valen su peso en oro. En un encuentro lleno de brillos, por momentos cerca de su mejor versión, el suizo derrotó 7-5 y 6-2  a Novak Djokovic para sumar dos triunfos en la Copa de Maestros de Londres, llegar a semifinales por séptimo año consecutivo (aunque aún debe jugar el jueves contra el japonés Nishikori) y romper la racha del número uno, que había hecho suyos los últimos 23 partidos, casi nada. Además, destruyó otra huella de la tiranía de su contrario, que acabó sonriendo para felicitar la actuación de su rival. La huella de su tiranía ya está borrada: el serbio no perdía en el torneo desde 2011, cuando Janko Tipsarevic consiguió arrebatarle un triunfo en la fase de grupos. Ante Federer, además, lo hizo de la forma más inesperada: el campeón de 17 grandes le superó jugado desde el fondo de la pista, territorio en propiedad de Nole, y mezclando un estilo que no es el suyo (bolas combadas, que empleó con frecuencia) con otro más reconocible (su famoso revés cortado, que desmontó al campeón de 10 grandes). Todo un aviso.

La grada no tardó ni un minuto en posicionarse. En el primer juego del partido, la gente abucheó a Djokovic tras pedir la ayuda del Ojo de Halcón para resolver una pelota dudosa, algo que los aficionados entendieron innecesario cuando el encuentro todavía estaba desperezándose. El mensaje fue evidente: Nole, esta noche vamos con Federer y ya puedes pintar arte con la raqueta que eso no va a cambiarlo. El serbio, acostumbrado a competir sin el cariño de la gente los cruces de la máxima exigencia, siguió a lo suyo, llevando al límite al número tres. Como el graderío, mezclando cánticos (“Let’s go Roger, let’s go!”) con aullidos (¡Roger! ¡Roger! ¡Roger!), convirtiendo el estadio en una batalla campal de más de 17.000 personas contra una.

Aún así, el saque sostuvo a Federer durante la primera media hora. Exhibiendo una variedad impredecible al servicio, el suizo salvó un 30-40 en el primer juego del encuentro, sorteó las dificultades que el número uno le fue planteando al resto y se permitió llegar con las opciones intactas al 6-5, asegurándose disputar el tie-break en el peor de los casos. No fue necesario: olfateando la oportunidad de darle un zarpazo al marcador, el suizo dio una clase de agresividad y talento. Así se transforman las ocasiones en realidades. Así se cierra un set (¡qué muñeca hay que tener para hacer una dejada así!). Así se compiten los partidos más importantes, con determinación y claridad.

Djokovic encajó el golpe con sorpresa. Él, que lleva semanas ganando sin subir hasta la última marcha que posee, intentó apretar en el segundo set y recibió por respuesta un break de entrada (0-2). Pese a que lo recuperó inmediatamente (1-2), Federer ya se había hecho dueño de la victoria. En una fantástica galopada final, el número tres le rompió dos veces el servicio al serbio, igualó el balance entre lo que disparó (19 ganadores) y lo que se protegió (19 errores no forzados) y se llevó la mano al pecho. Sin pisar prácticamente la red (nueve veces), que es la zona de la pista desde la que ha renacido, el suizo fue capaz de lograr lo que hasta hoy parecía imposible: Djokovic también puede perder.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados