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Federer se hace más fuerte en casa

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

Apenas parece desgastarse. Se desliza por la pista, como si de un miembro del Bolshoi se tratase. Roger Federer es intratable en su territorio. En Suiza juega en casa, no sólo arropado por el público de su ciudad natal, también porque lo hace en un escenario en el que encaraba su duodécima final. Sobre la pista dura cubierta ha ganado el 80% de los partidos que ha disputado y levantado más de 20 coronas, siete de ellas en Basilea (2006, 2007, 2008, 2010, 2011, 2014 y 2015). La última ante Rafael Nadal por 6-3, 5-7 y 6-3.

No hacía falta presentaciones. Nadal y Federer se conocen de sobra, con sus fortalezas y debilidades. Después de 34 capítulos y más de diez años de rivalidad de una historia legendaria, hay lugar para pocas sorpresas. Y en apenas tres juegos ya se escribía un guión similar al de otras tardes entre el español y el suizo. Roger vuela, Rafael elabora. Uno se siente cómodo en el estilo directo, el otro prepara cada punto moviendo a su rival de lado a lado, como un péndulo.

Eso sí, Nadal empezó como nunca antes lo había hecho frente a Federer: sacando por petición propia. Inspirado con el golpe que calibra las opciones del español en este tipo de partidos, la derecha paralela, no tardó en amenazar al resto el servicio del suizo. Y lo hizo apelando a la receta que en tantas ocasiones le ha permitido tumbar al gigante helvético: castigando su revés. Tres errores consecutivos, dos con la cara b de la raqueta y una doble falta concedieron la primera bola de break al manacorense. Pero Federer despejó cualquier duda con su servicio, salvando la situación.

Sin embargo, sería el número 3 del mundo el primero en romper el partido. Dos winners consecutivos, primero con el revés cruzado y luego con un drive paralelo sirvieron para que Federer convirtiese su tercera opción para quebrar el servicio en el quinto juego (3-2). A pesar de que Nadal continuaba mandando de derecha a izquierda a su rival y arañando más opciones de break, el suizo se mantuvo intratable con el saque en los momentos donde sólo a los mejores no les tiembla el pulso.

Y es que su solvencia con el servicio no fue un espejismo. Frente al 47% de puntos ganados con el primer saque del manacorense, Federer firmó un 68% que le permitió asegurarse la primera manga, aderezado con 16 golpes ganadores y dos breaks, en sólo 35 minutos. Pero la situación no era nueva para Nadal en Basilea. Durante toda la semana había tenido que desarrollar su instinto de supervivencia, escapando de la derrota ante Lukas Rosol en su estreno (a sólo dos puntos de marcharse a casa) y planteando batallas titánicas frente a rivales con armas más peligrosas en esta superficie como Grigor Dimitrov y Marin Cilic.

Curtido en la lucha y el sacrificio, el español apeló por enésima vez a la paciencia. Esperó a que Federer mostrara un pequeño síntoma de flaqueza para entrar en el partido. Y lo hizo en el undécimo juego de la segunda manga. Fue embrujando al suizo desde el fondo, cual encantador de serpientes, le propuso un desafío de tú a tú desde el fondo de la pista y Roger aceptó. Renunció a cubrir la pista cerca de la red tal y como lo había hecho con asiduidad durante la primera hora de partido. Y así llegó el primer break para el español (6-5), que además elevó el porcentaje de puntos ganados con el primer servicio hasta el 72%. Así firmó la segunda manga por 7-5.

Más de un año y medio después de su último cara a cara en Australia, esta vez serían necesarios tres asaltos. Ya no había margen de error y lo sabían. Si una doble falta de Nadal concedía una opción de break al suizo, lo arreglaba con dos ganadores. Si Federer culminaba una subida kamikaze, con passing de Rafa, inmediatamente se servía del saque para arreglar el despropósito. Así, ambos conservaron el equilibrio hasta el octavo juego, en el que Roger firmó su segundo quiebre del encuentro (5-3).

El español no renunció a sus últimas opciones y provocó el deuce, cuando Federer sacaba para ganar. Con un passing salvó la primera bola de partido del suizo, pero una derecha larga al resto de Nadal sirvió para que el de Basilea, que terminó con 44 golpes ganadores (12 aces) se hiciese más grande en casa con su séptimo título. “Espero que podamos jugar otra final”, Rafa ya reta a Roger.

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