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Djokovic es de otra pasta

Rafael Plaza desde la ciudad de Londres

No hay nadie invencible, pero Novak Djokovic es posiblemente lo más parecido. En la final de la Copa de Maestros, el serbio cerró un 2015 legendario derrotando 6-3 y 6-4 a Roger Federer para ganar su quinto trofeo, a uno del récord que posee el suizo (seis). El número uno le puso el punto y final a la mejor temporada de su carrera (11 títulos y un balance de 81 victorias por seis derrotas, 31 de ellas ante el top-10) conquistando la última cita del año a toda velocidad (1h19m ante Nadal en semifinales y 1h120m contra el número tres en el encuentro decisivo). Tras el inmaculado triunfo, repleto de lecturas, un gesto terrorífico: Nole lo celebró como si nada, avisando de que esto solo acaba de empezar.

A media tarde, la pista es una caldera. No se han jugado dos puntos y el juez de silla ya ha tenido que pedir silencio al público después del grito de un aficionado en mitad de un intercambio. “Idemo Nole!”, braman unos, agitando banderas serbias. “Allez Roger!”, responden otros, haciendo sonar los cencerros suizos. Aunque al principio la grada está dividada, pronto el gentío se posiciona junto al campeón de 17 grandes, celebrando con pasión sus aciertos y lamentando con rabia sus errores. Sobre el cemento, mientras tanto, se libra una batalla entre los dos mejores jugadores del año repleta de jugadas imposibles y puntos formidables.

Federer arranca la final cambiando de estrategia por tercera vez en cinco días. El suizo, que consiguió derrotar a Djokovic en la fase de grupos desde el fondo de la pista (sorprendiendo a todos) y se colgó de la red para vencer a Stan Wawrinka en las semifinales (32 subidas), vuelve a su plan inicial de competir desde atrás. Eso, que debería ser una temeridad ante un tenista más joven (29 años por 34), más fuerte y más fiable, termina por darle alguna opción cuando todavía está fresco, con una agilidad que ya quisieran muchos veinteañeros. Al principio, Federer puede discutir con argumentos desde esa zona de la pista.

Del intercambio de golpes nace un encuentro interesantísimo. Djokovic tiene la primera bola de rotura de la final (30-40), que Federer salva pidiendo a su saque que le rescate. A continuación, es el suizo el que se procura otra pelota de break (0-1, 30-40), anulada por su contrario con una contundencia que valdría para derribar una muralla. Finalmente, es el número uno el que consigue abrir brecha (3-1) y aguantar las embestidas de su contrario, que carga con todo hasta que se fabrica otra opción para romper el servicio del serbio (con 2-4), la pierde (cómo grita Nole al salvarla) y se desconecta, entregando el primer parcial al saque.

El problema del suizo es evidente. Pese a jugar a un nivel impresionante, cerca de su mejor versión durante algunos ratos de la tarde, Djokovic tiene la capacidad de subir una marcha más. Si Federer juega recto, Djokovic le responde aún más recto. Si lo hace combado, se encuentra con bolas marcadas con un efecto imposible de contrarrestar. Si abre ángulos, termina persiguiendo pelotazos más esquinados. Djokovic es un robot con raqueta, el tenista perfecto, una máquina con mil motores. Federer tiene el talento, las sutilezas y un deseo que pocos podrán igualar, pero su contrario es un jugador sin fisuras, fabricado a golpe de trabajo hasta convertirse en el animal competitivo que es hoy en día.

A Federer, en cualquier caso, le sobran ganas. Después de competir de tú a tú la segunda manga, dejándose ver más por la media pista (sin energías para tolerar los peloteos largos), el suizo se enfrenta a un 0-40 casi definitivo que habría dejado a su rival sacando por el título. Lo salva, porque en su corazón de campeón vive otra fiera con ganas de más. Eso, suficiente para derrumbar la moral de cualquier rival, es una broma para el número uno: Djokovic gana su saque en blanco y le arrebata el suyo a Federer para llegar hasta la copa. El problema es bien grande para todos sus rivales: la salida de esta tiranía todavía no se atisba.

  • Sigrid Huarte

    Hola, muy lindo artículo. La victoria de hoy es la nº 82 de Nole si no me equivoco, no la 81.
    Saludos desde Baires.

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