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Al filo de lo imposible

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

Una sonrisa irónica de Djokovic tras el primer punto bastó como señal de admisión. Un largo intercambio de 24 golpes fue suficiente para que el serbio intuyese que al otro lado de la pista estaba Nadal. El Rafa de siempre. El mismo que le obligó a doblar la rodilla en 23 ocasiones antes: rápido de piernas, fresco de cabeza, rocoso desde el fondo y mortal con la derecha. Desde el inicio quedó claro que en el capítulo 48 de la rivalidad más repetida de la historia no se firmaría un pacto de no agresión como respuesta. Y el español logró lo que hace tan sólo unos días parecía un imposible, discutir en la pista de tú a tú con el número uno del mundo. Eso sí, Novak terminó sacando su billete para la final de Indian Wells (7-6, 6-2).

Nadal mordía como antaño. La derecha funcionaba como una guadaña afilada sobre el revés de su rival, un saco roto que fue engordando la hoja de errores del serbio y que tardó en ajustar durante más de media hora. Mientras tanto, el manacorense encontró profundidad en sus tiros, levantó un muro sobre la línea y aceptó el baile de golpes. Así llegó la primer ventaja para el español en forma de break, tras una derecha ganadora paralela a media pista (2-0). La bola de Djokovic carecía de la velocidad y el peso de siempre. La única solución posible para escapar del laberinto fue limitarse a colocar la pelota en pista. El antídoto dio resultado inmediato al de Belgrado, para recuperar la distancia (2-2).

Pero los síntomas eran evidentes. Nadal incomodaba a Djokovic. Ni siquiera el recurso de la dejada que tanto éxito le había deparado en los enfrentamientos más recientes cambiaba las sensaciones (3-3). La lista de errores a estas alturas del pulso lucía 12 fallos no forzados, cuando se rompió la tregua definitiva. Si Nole forzó dos nuevas oportunidades para romper el saque, poco después sería Nadal el que se encontraría una bola de set. Sin embargo, las muñecas no temblaron en el servicio y el parcial se decidió en el tie-break.

La ruleta de errores atrapó a Nadal, primero, con una derecha larga, y a Djokovic, después, con una doble falta (la tercera del partido). La presión viajaba de lado a lado, conscientes de que el español estaba más cerca que nunca de romper la racha de 11 sets consecutivos del serbio. Pero en el terreno de arenas movedizas, el número uno se había adiestrado tan solo un día antes frente a Tsonga (7-6, 7-6). Y un detalle decidió el desempate. Nadal dejó un revés en la red que entregó el parcial a Djokovic (7-5).

Acostumbrado a dominar de principio a fin, a imponer direcciones y dictar sentencia, la discusión de cada golpe prolongada también durante la segunda manga fue punzando la cabeza del número uno. A pesar de que el marcador le acompañaba, se desesperaba entre gritos. Nada ocurría como deseaba. Los números le daban la razón, la vitalidad del enfermo que se muestra ya recuperado, le desesperaba. Tanto que dejar escapar ocho ‘deuces’ con Nadal al servicio se tradujeron en golpes de raqueta contra la pista.

Djokovic se fue encendiendo hasta arder en llamas. Encadenó 12 puntos de 16 posibles y se llevó un nuevo break por el camino (5-2). Estaba a un único paso de la victoria más trabajada de los últimos tiempos ante el español (0-40), cuando Nadal volvió a predicar el primer mandamiento de su manual de estilo: nunca regalarás una bola. Actitud. Fue defendiendo cada punto de partido que labraba el serbio hasta en cinco ocasiones. A la sexta fue imposible. Aquella sonrisa irónica inicial se transformó en un respiro de alivio acompañado por aplausos. Dos horas fueron suficientes para que Djokovic reconociera los síntomas: Nadal vuelve a ser un problema.

Raonic, rival en la final

No le tembló el pulso, ni le pesó la responsabilidad. Milos Raonic asumió su condición de favorito por la parte baja del cuadro para colarse en la final de Indian Wells, tras imponerse a David Goffin por 6-3, 3-6, 6-3. Las derrotas de Andy Murray y Stan Wawrinka limpiaron su camino de espinas y abrojos, sin algunos de los principales candidatos a levantar la corona en el primer Masters 1000 del curso.

Pero nada es fruto de la casualidad. El canadiense ha puesto el broche de oro en la pista dura del desierto californiano al mejor inicio de temporada de su carrera, en el que encadena 14 victorias en 15 partidos. En Indian Wells, el discípulo de Carlos Moyà busca sumar una más y levantar su primera corona de Maestro en su tercera oportunidad (Canadá 2013 y París-Bercy 2014).

  • granjefeindio

    Sólo puede entenderse este análisis desde dos posturas: la de un nadalista convencido de que vive en 2007 o la de un periodista que ha visto un vídeo de highlights y tiene que vendernos la moto. Una lástima.

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