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Wimbledon no era un torneo más

Xavi Segura desde la ciudad de Barcelona

Wimbledon es una experiencia única. Sin más. Todo lo que rodea el torneo lo convierte en una cita especial, inigualable a todos los niveles. Y no sólo lo digo por la tradición que envuelve al All England Club durante las tres semanas de competición (incluyendo la fase previa). También el resto de cosas. Desde las casas particulares donde vivimos cercanos al club, la convivencia con la naturaleza –puedes cruzarte desde un zorro hasta una ardilla en los alrededores de Wimbledon Park– pero sobre todo el verde que da color a un mundo diferente para los amantes del tenis.

Wimbledon merece una visita obligatoria, al menos una vez en la vida. Y yo he tenido la oportunidad de hacerlo esta misma temporada, lo que implicaba a nivel particular completar el Grand Slam, desde que en 1997 viajé por primera vez al Abierto de Estados de Unidos. Allí comenzó una aventura que continuó dos años después en Nueva York. También he podido trabajar como encordador en Roland Garros, desde 2010 hasta 2016. El Abierto de Australia lo conocí también en 2016 y, finalmente, este año me he estrenado en el grande británico.

En SW19 he podido poner el broche a una carrera, que también incluye torneos ATP World Tour de categoría 250, 500 y 1000, además de poder ejercer como encordador del equipo español de Copa Davis desde el año 2000, trabajar con el equipo de Copa Federación y participar en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. A pesar de todo este recorrido por diversos rincones del mundo, Wimbledon marca. Allí está fijada la Catedral del tenis, allí hay gente capaz de estar dos o tres días durmiendo al descubierto por conseguir una entrada. Cumplir su sueño.

Es un mundo diferente. Wimbledon es el único torneo en el mundo donde se exige un certificado como Encordador profesional, lo que garantiza el alto nivel del servicio. Desde mi experiencia, ha sido el mejor grupo con el que he tenido la oportunidad de trabajar. Las largas jornadas con 14 horas diarias de media para que los jugadores puedan tener su material a punto, se dividieron entre Roehampton y Wimbledon. En alguna de las jornadas llegamos a encordar en un mismo día –el domingo previo al inicio del torneo– un total de ¡478 raquetas!

Cada uno tiene sus preferencias. Para los jugadores poder contar con encordadores profesionales es un alivio. Todos los detalles cuentan y ellos lo saben. Como curiosidad, el jugador que pidió más tensión en su raqueta fue Dustin Brown (37 kilos), mientras que el que exigió menos tensión fue Daniel Néstor (10 kilos). Es sólo una anécdota de un lugar mágico, con encanto, donde la tradición, el público, pero sobre todo el verde de sus pistas lo convierten en un escenario único.

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