Abro twitter. “Última llamada para Andre Agassi”. Es un artículo de los chicos de TENNISTOPIC. Mi mente se va a Londres. Lo abro y lo leo. Pienso en Wimbledon 2007. Hace mucho que no hablo del tema. Algún vacile aislado ante el que siempre respondo igual: me río como puedo, pero por dentro siento una vergüenza enorme. Supongo que Andre Agassi nunca olvidará a Adriana Gersi. Yo nunca olvidaré a Zack Fleishman.

Tenía 21 años. “¡Hostia, qué bien! Por fin voy a jugar Wimbledon”. Me daba igual que fuese la qualy. Me daba igual que se jugase en otro club. Era Wimbledon. Viajé sólo, porque mi entrenador, Paco Fogués, no podía acompañarme. Si él hubiese estado, nada de lo que os voy a contar habría pasado. Estoy seguro.

Gané mi primer partido contra un alemán y me metí en segunda ronda. Llego al club. Entreno y como algo. Me toca tercer turno detrás de unas chicas. Tengo tiempo y salgo a sentarme con Fer Vicente, Àlex Calatrava y algún otro de los que entrenamos en la zona de Valencia. Estoy muy a gusto con ellos. Llevan mucho tiempo en el circuito y me cuentan cosas interesantes. Y ya sabéis que a mí la tertulia me da la vida. Hablar, escuchar y reírme.

“Oye tío, en esa pista llevan 10 minutos esperando y ahí no entra nadie”. Tenemos la pista justo delante. Ni 20 metros. “Pues como no aparezca se va a comer un walkover fijo”. Suena mi móvil. Es mi preparador físico, que está en Wimbledon con Marat Safin. “Acaba de llamarme Giorgio Di Palermo”. Es el tour manager, una especie de enlace entre los jugadores y el torneo. “Dice que dónde estás, que te quedan tres minutos para entrar a pista o te meten un W.O.”.

No puede ser. Yo juego en una pista que está mucho más lejos. Creo… pero todo cuadra. Se me viene el mundo encima. “¿Qué hago, tíos? ¿Qué hago?”. Estos no paran de reírse y yo estoy vestido de calle y sin raquetas. Me voy corriendo al vestuario. Abro la taquilla y cojo las bolsas. Sé que no voy a llegar, pero tengo que intentarlo.

Llego corriendo y veo a mi rival saliendo de la pista. Un americano que no conocía de nada. Zack Fleishman. Cómo para no acordarme de su nombre. No puede ser. “Te has pasado un minuto y medio. Vete buscando vuelo de vuelta”. Luego me contaron que tengo derecho a no calentar. Lo dices y el otro tiene diez minutos para buscar un sparring con el que hacer el calentamiento. Los diez minutos que necesitaba para ir a por mis raquetas.

Supongo que me equivoqué de pista. Jugaba en la 16 y pensaba que era en la 10. Yo que sé. De las pistas sí que no me acuerdo. Sólo sé que miré la que creía que era la mía y estaban empezando el primer set. Ahora parece gracioso, pero imaginaos. 21 años y una ilusión enorme por jugar mi primer Wimbledon. Era la hostia y fue una decepción enorme.

“Pablo, ¿qué pasa? Aquí pone walkover. ¿Estás mal? ¿Te has lesionado en el calentamiento?”. Es mi padre. Le conté la historia. Y no le sentó nada bien. Desde entonces y hasta hoy no hemos vuelto a hablar de ello. Ha sido tema tabú. Cuando pienso en ese día sigue matándome por dentro. ¡Qué auténtico filete era!

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