Ha hecho la mejor gira de su vida. Quito, Buenos Aires, Río de Janeiro y Sao Paulo. El pasado 8 de febrero Albert Ramos arrancó un mes compitiendo sobre tierra batida, que lo impulsó hasta la mejor posición en el ranking de su carrera (No. 24). Diez victorias en 14 partidos sirvieron para estar presente en una final, dos semifinales y otros cuartos de final. Que yo recuerde, nunca había enlazado una gira así, en un sitio tan lejos, hacerlo bien en cuatro torneos es muy difícil. Y lo ha hecho, aunque no haya podido culminarla con un título.

Todo empezó ante Alejandro Falla en Quito, un torneo donde es difícil adaptarse y la altura dificulta tomar buenas sensaciones. Ya la primera victoria tiene mucho mérito ante un especialista como el colombiano en esas condiciones, luego costó derribar a Roberto Carballés, que todos sabemos lo duro que es. Y en la semifinal no pudo jugar bien ante Paolo Lorenzi, que impartió un tenis más práctico. Eso sí, se pudo defender el resultado del año anterior.

De Quito a Buenos Aires. De repente todo cambia. En la capital argentina encontró un clima diferente, otra altitud, pelotas nuevas… Y para empezar el sorteo le depara un jugador local como Guido Pella, que le obliga a salvar un match point. En segunda ronda, otro argentino: Leo Mayer, que tiene golpes para ganar un ATP 500 como ya ha hizo en Hamburgo. Y en cuartos llega un duelo muy disputado ante Carreño, en un partido con alternativas, muy bueno por ambos lados que cae para Pablo, para mí los dos jugadores más regulares de esta gira.

En Río toca la cita más importante. Debuta con un partido magistral ante un jugador peligroso como Stephane Robert (6-2, 6-0). Es muy complicado dar una paliza así en un ATP 500. La siguiente cita es con el siempre carismático Fabio Fognini, pero Albert mantuvo su esquema de juego y sacó el partido en dos sets. En ese momento, el cuadro se había abierto por la derrota inesperada de Cuevas y en semifinales nos encontramos a Nicolas Kicker, después de estrenar su entrada en el Top 100. Victoria con relativa facilidad para plantarse por primera vez en unas semifinales en un torneo de esta categoría. Allí, un monstruo llamado Thiem le noquea de inicio sin dejarle hacer su tenis, y a pesar de tener opciones en el segundo, acaba despidiéndose.

Por último, aterriza en Sao Paulo, donde las condiciones son propicias para él. Es una ciudad donde se siente cómodo y ya había firmado unas semifinales en 2012. Tras el debut con Gastao Elías, de nuevo Pella –un jugador con nivel superior al que dicta su ranking– propone otra guerra de desgaste, que gana in extremis. Física y mentalmente hace un alarde de superioridad. Se planta en semifinales con Sousa, que le había ganado con relativa facilidad en Auckland, en un partido muy igualado donde salva punto de partido. Al final, no pudo poner el broche en la última ronda con Cuevas.

Si bien tenísticamente ha jugado bien a ratos y a días, ha exhibido una gran fortaleza física y psicológica que le ha permitido ir supliendo los momentos de juego no tan brillantes. En Sudamérica, Albert demostró que sigue creciendo con constancia en el trabajo y lealtad con el equipo. Ahora el objetivo es ser igual de competitivo en todas las superficies. Eso sí, de momento, ha firmado su mejor Gira Dorada.

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