Tras dos semanas viviendo una experiencia agotadora, quiero compartir con vosotros uno de los mayores males que nos toca sufrir a los tenistas: el jet lag.

Durante el año tenemos que adaptarnos a unos diez cambios de hora, de los cuales ocho suponen una alteración de seis horas con respecto al destino de origen. Estos cambios exigen que hagamos un gran esfuerzo para adaptarnos a todos esos cambios. Cada persona se adapta lo sufre a su manera. Yo voy explicar desde mi perspectiva las sensaciones y las cosas que hago para adaptarme lo mejor posible.

El primer cambio fuerte lo realizamos en el viaje inicial del año. Después de las vacaciones nos toca viajar a Australia, un continente que vive diez horas por delante de España. Aunque a tu cuerpo le da la vuelta al reloj, este es uno de los horarios a los que me adapto más fácilmente. Cuando llegas a Oceanía, lo que para una era el día, se convierte en la noche y viceversa. Es difícil, muy difícil, pero las reacciones de tu cuerpo se tienen que ir adaptando. Es una adaptación que es soportable.

¿Qué alteraciones sufre tu cuerpo? Aterrizas a las doce del mediodía -hora local-, pero tu cuerpo cree que son las diez de la noche. Cuando llega la tarde sufres una fatiga mortal, pero tienes que intentar aguantar todo el día para poder llegar a la noche y dormir. La solución pasa por no acomodarte para evitar notar esa sensación de agotamiento. Aunque parezca una locura, después de un viaje de treinta horas a Australia, ese mismo día tenemos que entrenar para que nuestro cuerpo se adapte, se canse y entienda que a esas horas, en los próximos días, tiene que estar activo y preparado para competir. Los síntomas de este cambio de hora australiano son los siguientes: mucha fatiga a media tarde y sueño, mucho sueño. Los primeros días yo suelo caer muerta sobre las ocho de la tarde y amanezco a las cinco de la mañana con los ojos como plato y con mucha hambre. Es lógico, porque a las cinco de la mañana en Europa son las tres de la tarde… ¡hora de comer!!

Estas mismas sensaciones las tenemos en verano cuando vamos hacia Estados Unidos a competir en la gira de Indian Wells y Miami. El cambio es inverso al de Australia: alteramos el horario nueve horas menos, pero al ser una cambio tan brusco sufrimos los mismos síntomas y podemos descansar por la noche.

Los dos cambios que he comentado son los más cómodos que tenemos: despiertas pronto, aprovechas el día y vas a dormir pronto. El Jet lag más agresivo es el que llevo sufriendo desde hace dos semanas. El retorno de Nueva York y la gira de Asia son los  cambios que más odiamos los jugadores. Sí, son sólo seis horas de diferencia, pero esta alteración provoca reacciones totalmente opuestas. Es muy difícil dormirse antes de las tres de la madrugada y cuando suena el despertador por la mañana quieres morirte de sueño. Pongamos que toca despertarse a las nueve de la mañana. Realmente serían las tres de la mañana en Europa, cuando el cuerpo está en el momento de adormilamiento máximo. Cuesta incorporarse y sientes hasta mareos, por no hablar de las ojeras. Vamos, que después de no haber dormido casi nada hay que poner el cuerpo en marcha… a las tres de la mañana en tu horario vital. ¡Una locura!

En esta gira asiática he sufrido todo tipo de sensaciones. Me he acostado a las diez, he amanecido a tres de la madrugada -incapaz de dormir más- y, desesperada, he bajado a las seis y media de la mañana a desayunar totalmente sola con un croissant en el plato sin entender absolutamente nada. Es habitual también no poder dormir hasta las cuatro y media de la madrugada y cuando suena el despertador a las nueve asimilar lo que sucede con tu cuerpo. Hay situaciones muy cómicas en estos torneos de Asia. Entras en el player lounge y te encuentras a gente de todas las nacionalidades con la cara destruida, durmiendo la siesta, algo que sólo lo hacemos los españoles, y que al despertar te miran y te dicen: “¡this jet lag is killing me!”

Total, que además de estar competiendo a un alto nivel y lidiar con todas las jugadoras que tienes en frente, también tienes que contar con que puedes encontrarte jugando un partido a las once de la mañana cuando para tu cuerpo son las cinco de la madrugada. Es muy complicado adaptarte: no sientes el cuerpo, estás dormida, agotada y tienes sueño. Y en esas circunstancias tienes que correr detrás de bola y dejarte la piel.

Los médicos dicen que necesitas un día de adaptación por cada hora de cambio y nosotros, como mucho, al tercer día ya estamos compitiendo a alto nivel. Animo a los aficionados a vivir una experiencia similar a la que vivimos los tenistas profesionales. No creo que haya nadie que sea capaz de dirigirse a las cuatro de la mañana a un club a jugar al tenis, entre otras cosas porque no lo encontrará abierto, pero desde luego es una experiencia nueva y podrá sentir en su organismo un día de jet lag.

Eso sí, agradezco al jet lag haberme posibilitado seguir de madrugada en Asia las victorias de la selección española de baloncesto en el Eurobasket. ¡No hay mal que por bien no venga!

  • YOLANDA MEDEL

    Para que luego digan que el tenis no es un deporte duro……Deberian reconocer mas, todo por lo que pasa un profesional del tenis. No solo es saltar a una pista y darle a una pelota,hay q tener en cuenta como se llega a esa pista y que los tenistas son humanos.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados