En los Grand Slam siempre salta alguna sorpresa. Desde que tengo uso de razón, se produce un resultado bomba. Un resultado que nadie se espera pero acaba dándose. Y eso precisamente es lo que le da salsa a este deporte. Es muy alentador para muchos jugadores saber que pueden ganar a los que están por encima de ellos. No obstante, esto es una de las cosas más importantes en el deporte (y en la vida): superarse día a día. Mejorar lo máximo posible.

Entre esas sorpresas que ha habido este año en el US Open se encuentra la clasificación para jugar la final de dobles de Guillermo García López y Pablo Carreño. Para mí es una sorpresa más que agradable. Eso sí, lástima que lo hicieran a costa de eliminar en semifinales a la pareja española formada por Marc López y Feliciano López.

Me alegro mucho por Guille. El de La Roda es uno de esos jugadores que hacen carrera sin hacer demasiado ruido. Lejos de los focos mediáticos y siempre mostrando una actitud positiva y trabajadora, se ha forjado una carrera tenística que a muchos les gustaría. Campeón de siete torneos ATP (cinco individuales y dos dobles), tiene ante sí la oportunidad de hacer algo más grande aún: levantar un Grand Slam. Un broche de oro sin duda para un jugador humilde y comprometido con su profesión.

Por otro lado, Pablo Carreño. El asturiano está realizando una temporada más que meritoria. En Estados Unidos ha ganado su primer torneo ATP a nivel individual (Winston-Salem), que lo suma a un título ATP de dobles y a nueve Challengers. Esta temporada está siendo la de su confirmación como tenista profesional, debutando también en Copa Davis (Rumanía). Ojalá tengan suerte y puedan ganar. Sería un premio a unos tenistas humildes y, sobre todo, buenas personas. #VamosChicos

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