Recordando a la final de Wimbledon 2014 que ganó arrasando a Eugenie Bouchard en un partido gobernado por la fuerza, Petra Kvitova celebró el título en Wuhan (6-1 y 6-1 a Dominika Cibulkova) y cerró una semana de tenis impresionante, de las que podría haber jugado con los ojos cerrados y la pelota habría ido igualmente a las líneas, imposible de contestar.

Salvo el partido de octavos contra Angelique Kerber, donde necesitó un titánico esfuerzo (6-7, 7-5 y 6-4 en 3h19m para ganar uno de los mejores cruces de la temporada), la checa se quitó de encima a sus rivales con una facilidad terrible (6-3 y 6-1 a Jelena Ostapenko, 6-3 y 6-1 a Elina Svitolina, 6-3 y 6-4 a Johanna Konta y 6-1 y 6-2 a Simona Halep).

Fue la Kvitova de las grandes ocasiones, la jugadora que gana arrasando, el torbellino que coronó dos veces Wimbledon y otros tantos títulos (17) en su carrera. Esa forma de entender el juego, claro, tiene sus grandes riesgos: tan pronto es capaz de ganar un Grand Slam como de encadenar varios resultados negativos, impropios de su condición. Esa la irregularidad, el peaje de jugar siempre al todo o nada.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados