Ganar un día a Novak Djokovic. Cuarenta y ocho horas después a Rafael Nadal. Y aún así, la cima aún quedará a varios metros. A eso se enfrenta Dominic Thiem. Usando la analogía del gran Ignacio Encabo, Thiem se enfrenta a un Everest. Ya se ha aclimatado con sendas victorias contundentes hasta llegar a segunda semana.

Ha subido hasta un campo complicado después de destronar a Djokovic, vigente campeón hasta el domingo. Campo base avanzado. Pero ahora tiene que hacer su primer ataque a la cima ante el nueve veces campeón por la vía más complicada posible: venciendo a un jugador que lleva 100 victorias de 102 posibles al mejor de cinco sets sobre tierra batida.

Por muy llamado a reinar en París que esté, Thiem tiene una misión harto complicada. Un reto que requiere no sólo tenis y poderío físico. También una inquebrantable determinación y confianza en que es posible subir hasta lo más alto sin oxígeno. Ni sherpa.

“Ante Rafa va a ser el mayor reto posible que pueda existir en Roland Garros”, apuntó el austríaco. “Siempre que he ganado a un jugador top, me ha costado mucho el siguiente partido. Es increíble lo que llega a costar ganar un Grand Slam”. O lo que es lo mismo, ganar este Roland Garros con este camino lo convierte en el Roland Garros más difícil que pueda existir para Thiem. Un Everest con amenaza de tormenta.

Planteemos un escenario en el que habiendo ganado a Djokovic, supera a Nadal. En la final podría encontrarse al campeón de 2015 Stan Wawrinka. O al número uno del mundo Andy Murray.

Pero recogiendo la analogía de Encabo, uniré ésta con un comentario que me ha hecho mi suegro, gran aficionado al tenis. La conversación ha ido más o menos así:

- Thiem tiene un Everest. Ganar a Djokovic y Nadal en partidos consecutivos es casi imposible…
- Kilian Jornet subió dos veces el Everest en menos de una semana

Y sin oxígeno.

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