Elegir al australiano Roger Rasheed como entrenador no fue una maniobra casual. Tras un tiempo trabajando con Mikael Tillstrom y entrenando en la academia de Magnus Norman, Grigor Dimitrov decidió sentar en su banquillo al técnico australiano, laureado por haber exprimido a Lleyton Hewitt, Gael Monfils y Jo-Wilfried Tsonga. “Llega un momento de mi carrera en el que debo buscar algo nuevo”, dijo tras perder en primera ronda de Shanghái ante Nishikori y encadenar tres derrotas consecutivas. Tras lograr las dos primeras finales de su carrera esta temporada, el búlgaro, que es el más joven de los 40 primeros jugadores de la clasificación, ha pisado por momentos tierra firme, abandonando los lodazales en los que terminaba enredado tiempo atrás. Dentro de un abanico de irregulares actuaciones, a las que ha permanecido atado desde que levantó la voz en la élite, Grigor ha logrado hilar triunfos con caireles. Dos partidos por el título, una victoria ante el número uno del mundo y el mejor ránking de su vida (26 mundial) así lo confirman. En este punto, el búlgaro necesita encajar la última pieza del engranaje para hacer funcionar el mecanismo a pleno rendimiento. Ahí aparece la figura de Rasheed.

En principio, el acuerdo entre ambos se extenderá durante unos meses. Los necesarios para que el técnico solucione las lagunas de Dimitrov y potencie sus virtudes. Quizás, durante 2014 decidan seguir navegando juntos. En cualquier caso, el búlgaro lo tiene todo para dominar el circuito que viene. A diferencia de Raonic y Janowicz, dos coetáneos con mejor currículo, no cuenta con un atributo que le despeje el camino de obstáculos en un día de nubarrones. Sin el destructor servicio que poseen canadiense y polaco, incuestionable arma empleada en la carrera por dominar a bocados la próxima generación, Dimitrov se exhibe replicando con sencillez los lienzos más importantes de la historia. Tiene golpes, talento y clase. Pura lírica. Refinado arte con raqueta. Le faltan pulmones, paciencia y capacidad de sufrimiento. Nada irreparable, claro. Si esas tres lagunas son superadas, si con Rasheed es capaz de superar las piedras que persisten en el camino, nada debería frenar a Dimitrov para pelear por un lugar entre los diez mejores del mundo en 2014 y aspirar al trono de su generación en el futuro, cuando el ocaso abrace a los colosos actuales.

Sin embargo, la sensación que flota en el ambiente es la misma. ¿Lleva el búlgaro llamando a la puerta tanto tiempo como parece? La respuesta tiene matices. Tres factores han agrietado la figura de Dimitrov, que sólo tiene 22 años pero lleva cinco como profesional. Arrebatar en Rotterdam un set a Rafael Nadal con 17 años, tras un glorioso paso por categorías inferiores, le echó a los hambrientos leones del circo mediático que se lanzaron a por un diamante sin pulir. Cada actuación suya fue juzgada con severidad, olvidando que aquello fue un chispazo aislado, un pequeño sprint en una carrera de fondo. Después, las similitudes técnicas que guarda con Roger Federer, al que nunca se ha enfrentado, le etiquetaron con el desacertado remoquete de Baby Federer, espantoso sobrenombre, perjudicial carta de presentación. La comparación con el suizo, conveniente si ambos son radiografiados golpe a golpe, supuso un problema, mas allá de una loa. Masticar semejante presión en pleno crecimiento profesional cortocircuitó su cabeza, incluso llegó a posicionarse en el debate. “Las comparaciones con él son algo trivial”, sentenció esta temporada. Por último, coincidir con Nadal, Djokovic, Murray y Federer, escudados por Del Potro, Ferrer, Berdych o Tsonga, una de las mejores generaciones de jugadores de la historia, ha frenando su progresión y la del resto de jóvenes de una camada que ha invertido la tendencia de los últimos años donde los tenistas gobernaban desde tempranas edades.

Ahora, las estadísticas indican que la edad media de entrada al top 100 es mucho mayor que tiempo atrás (23 años). Es un dato revelador: si formar parte de los 100 mejores jugadores del mundo llega tan tarde, ganar un Grand Slam, o incluso un torneo menor, son palabras mayores reservadas para un puñado de elegidos. No obstante, y pese a los números, Dimitrov ha preparado minuciosamente su asalto al tren que conduce al ático del circuito. El siguiente paso para escribir su nombre en la eternidad.

  • lola del castillo

    Dimitrov , pordrá ganar gran Slams, porque alguien tiene que ganarlos , una vez declinen los Novak, Nadal, Murray ó del Potro, (el suizo ya está en declive), pero todos recordaremos a estos grandes tenistas de hoy en día, porque no espero de Dimitrov, Raonic, Janowitz, Tomic uan competencia en la excelencia como la que estamos viviendo.
    En mi opinión , que la edad de entrada en el top 100 se tardía se debe a que esta generación actual de grandes es tan excepcional que nos parece que lo normal es que con 19 años se ganen torneos importantes y se esté entre los diez primeros, pero eso es cuestión de genios de la raqueta, y Dimitrov no creo que llegue a ser uno de ellos. Puede ganar algún partido a un despistado Novak, ó a un agotado Nadal ó a un lesionado Murray, pero siempre tendrá que esperar a pillarlos en un momento de baja forma .
    Ante esos jugadores en plenitud, el bulgaro no tiene opciones de victoria.
    Ivanovic ganó un Slam, Na li , Conchita y Schiavone, etc, pero Serena, Graf, Navratilova , están a otro nivel en la historia del tenis. Pues lo mismo

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