“No permitas que una conquista te conquiste, ni una derrota te derrote”. Los urinarios de cualquier universidad pueden sorprenderte. Tan pronto difunden declaraciones de amor bastante hilarantes, como recogen auténticos consejos certeros. Rafa Nadal, tan poco acostumbrado a degustar el amargo elixir de la derrota cuando pisa tierra batida, perdió.

Perdió en el marcador. Poco habitual: 25 derrotas y 321 victorias sobre arcilla. Y perdió en las formas. Nada habitual. Por muy injusta que sea la norma de los 25 segundos entre saques (para mí lo es, y más tras un punto eterno y disputado en la superficie más lenta del tenis), un jugador nunca puede decirle al juez, al que manda, lo que dijo Nadal: “¿Cómo quieres que yo juegue con la mano así? ¿Es mi culpa si sudo mucho? Lo que no hay es nadie que me pite tantos warnings como tú. Tranquilo, te digo una cosa, te lo digo en serio: ¡Voy a pedir que no me arbitres nunca más porque no puedo más contigo! En serio, no puedo más. No puedo más. Y yo no tengo ningún problema contigo, pero yo no puedo más. Eres el que me pita y el que me mete más presión de todo el circuito. De todos, de todos. Y si no mira los vídeos. De todos. Me da igual, no tienes razón”.

Rafa, ejemplo de humildad; Rafa, ejemplo de profesionalidad; Rafa, ejemplo de respeto al rival; Rafa, se equivocó. Y entonces, una vez más, como siempre, igual que sus innumerables conquistas nunca le han conquistado, la derrota no le derrotó. Sólo un minuto después entregar el partido en su territorio, su tierra, se paró a firmar autógrafos a la salida de la pista, algo que muy pocos tenistas hacen.

Se fue al vestuario. Sin romper raquetas, algo que muchos tenistas hacen.  Y mientras conversaba con Toni, analizando la derrota tenística, apareció José Pereira, el joven jugador brasileño con el que ha compartido entrenamientos esta semana. Y con él llegó, una vez más, como siempre, la victoria deportiva.

“Después de una semana de entrenamiento con Rafael Nadal aquí en el Abierto de Río, él se despidió del torneo al perder en un gran partido ante Fabio Fognini. Fui a recoger mi bolsa en el vestuario. Nadal estaba allí, cinco minutos después de la derrota, sentado, hablando con su tío. Cuando me vio, dejó lo que estaba haciendo, se levantó, y me dio un abrazo de agradecimiento por toda la semana. Al momento sacó una camisa de una bolsa de plástico, cogió un rotulador y me la firmó con una dedicatoria para toda mi familia. Rafa, te doy gracias por todo lo que hiciste por mí. Estoy convencido de que vale más que un año entero de entrenamientos, puedes estar seguro. Usted es un gran ejemplo. Toni, gracias por la confianza!! Nos vemos seguro en los próximos torneos! Un abrazo, Ze Pereira”.

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