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Si hay alguien que conoce bien el camino que une estos dos puntos geográficos, este es Novak Djokovic. El serbio ha vuelto a enlazar en este inicio de temporada el doblete en los dos primeros torneos relevantes – como ya hizo en 2008, 2011 y en estos dos últimos cursos – para mandar un mensaje al resto de compañeros de viaje y aspirantes a cuestionar su dominio. Además del simbolismo, numéricamente también da mucho margen iniciar la Carrera de Campeones con tres mil puntos en el bolsillo. La reiteración genera el hábito. Y ver a Djokovic salir invicto de la Rod Laver Arena y el desierto californiano, genera una sensación de déjà vu.

En los últimos años el éxito en otros deportes se mide y se asocia al número tres – tripletes, tridentes, etc. – y el tenis no puede ser menos. Djokovic tiene en Cayo Vizcaíno la oportunidad de culminar la tríada formada por Melbourne, Indian Wells y Miami. Nuevo déjà vu si tenemos en cuenta que lo lograría por tercera vez en su carrera tras 2011 y el pasado curso. Pero no lo tendrá fácil. Su nivel en el primer Masters 1000 no fue el mismo que en el Abierto de Australia. En Crandon Park estará Federer de vuelta tras su operación, Murray y Wawrinka con ganas de desquitarse de sus tropiezos y un Nadal que le mandó un mensaje en semifinales. Esta vez, pero, no fue un SOS sino una declaración de intenciones en toda regla.

Y ese partido me trae a la mente otro episodio -el déjà vu que falta para culminar el tridente de esta columna- que enlaza Melbourne con Palm Springs. Dicha asociación se traslada a la final del primer Grand Slam de 2012. Djokovic que llegaba con un devorador bagaje de seis finales consecutivas ganadas a Nadal en el curso anterior. El serbio necesitó cinco eternos sets en una maratón de casi seis horas para sumar la séptima. El manacorí no se llevó el trofeo pero marchó con la convicción de haber obligado al César a bajar a la arena para pelear cuerpo a cuerpo contra un gladiador.

Lejos de la épica de ese pasaje y ajustándonos a la realidad de 2016, Nadal vivió un déjà vu durante el primer set en Indian Wells. El tiempo dirá si ha servido como banco de pruebas para el antídoto que contrarreste invulnerabilidad que aparenta sentir Djokovic. A pesar que no hay que olvidar una de las conclusiones de Carlos Moyà en Informe Robinson advirtiendo que “quien quiera destronar a Djokovic tendrá que prepararse para ganar a la mejor versión del serbio”.

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