Supongo que todo empezó con Clijsters -al menos que yo recuerde- con esa icónica imagen: el trofeo de campeona del US Open en un brazo, su hija en el otro. Desde entonces, el babyboom en el circuito WTA ha ido in crescendo, y cuenta con un buen puñado de jugadoras que compaginan la maternidad con la competición: María José Martínez, Schnyder, Tatiana Maria, Azarenka, Dellacqua, Rodina … Y puede ir en aumento si jugadoras que están ahora embarazadas deciden continuar con tu carrera deportiva: Serena, Minella o Mitu. Generan imágenes muy tiernas, como Schnyder en pleno partido en Gstaad, pidiéndole a su pareja que le pusiera una chaqueta a su hija. Un ojo en la bola y otro en la grada.

Maternidad y deporte de élite están enfrentados por conflicto de intereses: el embarazo supone un parón mínimo de entre 12 y 15 meses, y hay disciplinas deportivas en las que la mujer deportista no se lo puede permitir. Carreras deportivas cortas que exigen ser exprimidas al máximo, con la incógnita de cómo responderá el cuerpo después de la maternidad, supone una barrera para la mayoría. En el caso del tenis, además, es difícil compaginar el trajín de competir viajando 25 semanas al año y criar a un hijo.

Sin embargo, con la longevidad de las carreras deportivas en auge empiezan a verse chupetes en el circuito. La edad de retirada de las tenistas supera con creces la treintena, y el reloj biológico no se detiene. Tampoco hay que irse tan lejos, a día de hoy proliferan las empresas que ofrecen congelar los óvulos para aquellas mujeres a quienes les resulta imposible la conciliación familiar-laboral. Resulta lógico que a una mujer le apetezca ser madre, además de apetecerle seguir compitiendo o trabajando.

Es una difícil elección, puesto que implica poner la carrera deportiva en standby durante al menos un año natural. Volver a competir después de un parón tan largo nunca es sencillo, físicamente la mujer ya no es la misma, y hormonalmente tampoco. Realizar una apropiada recuperación post parto y una vuelta progresiva a los entrenamientos con cargas es fundamental para minimizar el riesgo de lesión después de un cambio tan radical para una mujer. Personalmente, no deja de asombrarme el rendimiento que ofrecen las madres del circuito, con niveles de juego espectaculares. Algunas igualando sus mejores momentos deportivos, y otras superándolos. ¿Será que los cambios hormonales mejoran el rendimiento? ¿Será que sus prioridades cambian y la trascendencia de un partido se relativiza? ¿Juegan más relajadas? Sea como fuere, es un placer verlas disfrutar compaginando maternidad y deporte de élite.

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