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El heredero de McEnroe

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Madrid

El pequeño Donald acaba de cumplir 10 años. Cuando se apuntó como recogepelotas a aquel torneo de veteranos en Chicago ni siquiera intuía lo que el azar le tenía reservado: pelotear con un campeón de siete torneos del Grand Slam. En 1984 John McEnroe firmó su último doblete en Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos. Por entonces, los padres de Donald ni siquiera se conocían. Y ahora, gracias al retraso del compañero de entrenamientos de McEnroe, solo una red les separaba. Poco después, en 2005, The New York Times dispone y John propone: “El cielo es su límite. Es el primer jugador que veo que tiene la misma mano que yo”. Donald Young acaba de ser nombrado sucesor de John McEnroe… ¡por el propio John!

El destino estaba escrito. Nacía en Chicago un niño con una raqueta bajo el brazo. Sus padres, Illona y Donald Sr, profesores de tenis, se conocieron jugando un partido de dobles mixto frente a frente. Normal que a los tres años el pequeño Donald ya portase la raqueta con más soltura que el chupete. “Recuerdo que corría de un lado a otro con mis padres mientras golpeaba pelotas con una raqueta mucho más grande que yo”.

Todo iba muy rápido. A los 14 años, profesional. A los 15, el único deportista que aparecía en el reportaje de la revista Newsweek “Who’s next?”. ¿Quiénes son las próximas figuras del mundo? Dos afroamericanos: Donald Young… y Barack Obama. Los presagios parecieron confirmarse: el campeón más joven de la historia en el Abierto de Australia júnior y el tenista más precoz en alcanzar el número uno del mundo de la categoría. Juan Martín Del Potro o Marin Cilic, hoy campeones de Grand Slam, arrodillados. “Mucha gente espera que gane y tengo mucha presión. Me siento bien. Cualquier cosa que no sea el título no me vale”.

Hasta que llegaron las derrotas. Muchas y muy habituales. Los primeros 11 partidos del circuito ATP, 11 derrotas. Entre ellas, una que aún escuece. “Nunca había perdido 6-0 y 6-0 en toda mi vida y fue mi peor momento. Volví a casa, salí con mis amigos y no me apetecía viajar. No quería volver a jugar”. Carlos Berlocq le regaló una ‘bicicleta’ a Donald Young y este se planteó si el circuito profesional estaba hecho para él.

“Jugó demasiados torneos demasiado pronto. No estaba físicamente preparado. La buena noticia es que aprendió de su error y empezó a ganar confianza en el circuito júnior y en los Challengers”, recuerda Patrick McEnroe, olvidándose de que el primero que infló más de la cuenta el globo fue su hermano John. Dos años después de triunfar en Melbourne, Donald repitió título en Londres: campeón de Wimbledon júnior 2007. Y desde entonces, nueve trofeos: un Future y ocho Challengers, todos salvo uno en Estados Unidos.

Nunca confirmó las enormes expectativas. Su mejor año, 2011, cuando se coló en el top-40 y alcanzó su primera final en Bangkok. Por primera vez en siete años dentro del circuito, cerró la temporada con más victorias que derrotas (19-17). Pero no ha sido hasta este 2015 cuando Donald Young empieza a demostrar lo que tantos auguraron: cuartos de final en Auckland, semifinal en Memphis y final en Delray Beach. Los triunfos doblan a las derrotas y roza su mejor ránking (47).

“Me encanta ganar. No he ganado mucho hasta ahora, pero eso me motiva y me hace crecer. En el tenis siempre puedes mejorar. Yo sólo quiero seguir trabajando duro y mirando hacia delante, porque siempre hay otro torneo a la semana siguiente”. Más kilómetros en el gimnasio y una nueva espada: la Tecnifibre T-Flight 315. “Es una raqueta asombrosa. Me encanta. Fue una especie de amor a primera vista desde el primer golpe a la pelota. Me permite hacer lo que quiero hacer cuando lo quiero hacer. Tengo mucho control con ella”.

Sabe que corrió demasiado: “Fue duro, porque todo el mundo venía con muchas expectativas, pensando que llegaría al circuito y empezaría a ganar. Yo nunca lo pensé y no sucedió así. Aprendí a seguir compitiendo y trabajando duro”. Y quiere andar antes de volver a trotar. “En los próximos 12 meses me gustaría ganar mi primer título y jugar bien muchos partidos. Me encantaría estar en el top-20, pero estoy intentando concentrarme en cada partido. He aprendido mucho sobre mí mismo. Ya sé lo que me gusta y lo que no, lo que hago bien y lo que no”.

“Si compito bien cada semana, el ranking llegará”, sentencia. “Siento que mi momento llegará”. El heredero de McEnroe sólo quiere ser Young. ¿John? Yo me llamo Donald.

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