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Dominar la tierra

Agustín Hernández desde la ciudad de Madrid

Es posible que Rafael Nadal emulara al marinero Rodrigo de Triana y gritara “¡tierra a la vista!” cuando aterrizó en Río de Janeiro para preparar el ATP 500, tercera etapa del circuito suramericano de tierra batida y primera cita de 2015 para el balear en su superficie favorita. El último partido que disputó Nadal en tierra fue la final de Roland Garros 2014, hace más de siete meses. Aquella victoria ante Novak Djokovic situó a Nadal en una dimensión sobrehumana, porque solo así se puede explicar la conquista de nueve Roland Garros, con 66 victorias y una sola derrota (Soderling, octavos de final de 2009). Tras esa cumbre, Nadal vivió una tormentosa segunda mitad de temporada, con lesiones y otros problemas físicos, que apenas le permitieron participar en cinco torneos, con un balance de 7-5, y ausencias en Toronto, Cincinnati, Abierto de los Estados Unidos, París-Bercy y la Copa de Maestros de Londres.

La temporada 2015 comenzó para Nadal con derrota en el primer turno de Doha, y después alcanzó los cuartos de final en el Abierto de Australia. Un total de 11-7 en los últimos siete meses de calendario, que dejan al gran campeón en un escenario ya conocido por él: el regreso, la vuelta, el renacimiento. Nadie podrá dudar de que lo conseguirá una vez más y la llegada de la tierra batida es la mejor garantía para el arranque. En 2013 Nadal también cruzó el Atlántico para comenzar su recuperación en la gira suramericana de tierra, alcanzando la final de Viña del Mar y conquistando los títulos de Sao Paulo y Acapulco. La pasada temporada fue campeón en Río de Janeiro, plaza donde repite en 2015, añadiendo además el torneo de Buenos Aires a su calendario.

Los números de Nadal en tierra no parecen propios del planeta Tierra. El balance total en la superficie de polvo de ladrillo es 318-24, lo que supone un 93% de triunfos. Ha disputado 70 torneos, de los que ha conquistado 45, además de otras 7 finales perdidas. Su palmarés en Copa Davis es impoluto: 17-0 en las diez eliminatorias en que ha participado en esta superficie.

Solo nueve jugadores han ganado más partidos en la historia del circuito, y en condiciones normales Nadal superará esta temporada a Andrés Gómez (322), Ilie Nastase (327), Ivan Lendl (329) y Carlos Moyà (337), situándose en la sexta posición de todos los tiempos, pero con un porcentaje de victorias infinitamente superior a cualquier otro.

En los torneos de primavera, el cogollo de la temporada en esta superficie, ha establecido registros que difícilmente podrán ser batidos. Ha levantado ocho trofeos en Montecarlo, ocho en Barcelona, uno en Hamburgo, tres en el Mutua Madrid Open, siete en Roma y nueve en Roland Garros. Apenas ha perdido 14 partidos en esos templos de la tierra.

En este apabullante dominio, Nadal estableció una racha de 81 victorias consecutivas en tierra, que comenzó tras la derrota en cuartos de final de Valencia 2005 (ante Igor Andreev), y se extendió hasta la final de Hamburgo 2007 (derrotado por Roger Federer), incluyendo 13 torneos ganados. Nadal pulverizó el anterior récord, que poseía Guillermo Vilas con 53 partidos ganados de forma consecutiva. Además de esa estratosférica marca, Nadal firmó otras cinco rachas de más de 20 partidos ganados.

Podemos imaginar lo que sintió Rodrigo de Triana cuando avistó el que sería Nuevo Mundo. Salvando las distancias de más de cinco siglos, Rafael Nadal ya ha avistado su mundo. Llega la tierra batida a la temporada tenística y todos los aficionados gritan “tierra a la vista”.

Tablas-Nadal-Tierra-Batida

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