Serena, levántate y anda

“No me gusta entrenar”. Tajante y sin titubeos. Mirando a los ojos como siempre lo hizo en la pista frente a sus rivales. Serena y sincera. La jugadora con mejor historial de la WTA lanzaba a los cuatro vientos esta sentencia, clavada como un puñal en las entrañas de rivales y aficionados. “No me gusta entrenar, tampoco el trabajo físico. Pero si se trata de una actividad que requiera estar sentada o salir de compras, ahí sí soy excelente”. La cita ocurre en Brisbane. Justo antes de arrancar la pasada temporada.

El tenis femenino, en busca de un referente que liderara el circuito, veía cómo su jugadora con más carisma no tenía reparos en publicar que detestaba su profesión. Pero un año y medio después el decorado es bien distinto. Superada la barrera de los 30 años, parece decidida a convertirse en la jugadora que todos han visto en ella y que la menor de las Williams ha querido obviar durante buena parte de su carrera: ser la mejor raqueta de todos los tiempos. Y va camino de ello. ¿Demasiado tarde? Sólo el tiempo lo dirá. De momento, la nueva Serena es un navío que viaja a máxima velocidad por el océano WTA.

Todo cambió tras el traspié en Roland Garros. Por primera vez en su carrera, la estadounidense tropezaba en su estreno en un Grand Slam. Al otro lado de la red, Virginie Razzano (una de las pocas jugadoras que pueden presumir de contar con un cara a cara positivo ante la americana, 1-0). Serena hizo un alto en el camino y replanteó su carrera. Se encerró en su fortín y trazó junto a su entrenador, Patrick Mouratoglou, una ruta directa al Olimpo, con última parada en la eternidad del tenis.

Desde entonces, su objetivo está más cerca. 15 títulos (tres de ellos de categoría Grand Slam y la medalla de oro olímpica, incluidos) y un 95% de victorias dan brillo al mejor momento de su carrera.

Angelique Kerber, Sabine Lisicki, Sloane Stephens y Victoria Azarenka (en dos ocasiones) son las únicas espadas de la WTA que pueden presumir de haber tumbado a Serena desde junio de 2012. La menor de las Williams roza la inmortalidad. En 109 partidos ha levantado los brazos para celebrar la victoria en 104 ocasiones. Y, por si fuera poco, esta temporada va camino de batir el récord total de triunfos en una misma temporada. Con 73 triunfos hasta Pekín, Serena encadena su mayor racha de partidos ganados en este 2013, una cifra que sólo superan Justine Henin (75 victorias en 2003), Martina Hingis (77, en 2000) y Kim Clijsters (90, en 2003).

Terrícola y extraterrestre

Que Serena Williams ha cambiado no es sólo un secreto a voces. Los números refrendan la teoría. La estadounidense no ha tenido problemas en mancharse los calcetines sobre la tierra batida, su superficie menos favorita hasta ahora. En 2013 levantó tantos trofeos en polvo de ladrillo (5) como en toda su carrera. Charleston, Madrid, Roma, Roland Garros y Bastad le permitieron elevar su lista de títulos en arcilla hasta la decena, una marca que le permitió igualar a Anabel Medina como la jugadora en activo con mayor número de entorchados sobre el albero.

“Todo el mundo es batible. No me siento como si estuviera por encima de nadie. Sólo juego e intento hacerlo lo mejor que puedo”, reconocía nada más levantar su última  corona del año en Beijing. La décima de una temporada de ensueño, en la que terminará por tercera vez como la mejor raqueta del mundo, tantos como firmaron Monica Seles, Justine Henin o Martina Hingis.

Lejos quedan las tardes de dudas. Los días donde las pasarelas, los flahses y el glamour nublaban su vista. La menor de las Williams se comprometió para siempre con el tenis, aquella tarde en París en la que se susurró: “Serena, levántate y anda”.

  • lola del castillo

    Serena (y hace algún tiempo su hermana Venus también) juega a un deporte distinto que las demás. El circuito Wta lleva años sin emoción, primero poreu se retiraran las grandes del circuito, y quedaron sólo las Williams que jugaban poco, daba la sensación que se aburrían de ser las mejores, y pasaban de obligaciones y de ranking, Se sucedieron las campeonas de gran Slam que despues desaparecían de los lugares de pri8vilegio.
    Y una vez que Serena decidió ir a por todas, pues no hay color, no tiene rival. Y resulta muy pero que muy aburrido.
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