Murray y la importancia de los Masters 1000

El requisito clásico para acceder a la súper élite del tenis suele ser el Grand Slam. Si ganas uno, entras en el club. En este punto, probablemente no haga falta recordar que la nómina de poseedores de uno de estos torneos en los últimos diez años es escasísima cuando no hablamos de uno de los integrantes del famoso Fab Four. Sólo un modesto puñado de nombres entra en escena, alguno relativamente cercano como el de Juan Martín del Potro en 2009 (US Open), pero el resto ya ajeno al presente circuito, como Marat Safin (Open Australia 05’) o Gastón Gaudio (Roland Garros 04’). El club, por tanto, es realmente selecto. Pero no es lo mismo llegar que mantenerse.

La tiranía del ránking exige una regularidad intachable y la defensa de los puntos ganados puede convertirse fácilmente en una reválida traicionera. Por ello, para calibrar la consagración de un tenista dominador existe un baremo más revelador que el Grand Slam, aunque éste otorgue el mayor botín: los Masters 1000. Porque no son trimestrales, sino que ocupan el año al completo. Porque son la columna vertebral de la temporada. Y porque representan la evaluación continua de un deporte que no sólo se escribe al calor de las plazas mayores, como la Rod Laver o la Philippe Chatrier, donde todos se acicalan para dar su mejor versión, sino también en cada una de las citas no tan lustrosas del calendario tenístico.

Andy Murray tuvo que soportar el estigma de casi estrella hasta que finalmente logró imponerse en un Major (o quizá bastara con la medalla de oro en los JJ.OO. de Londres). En todo caso, en general fue una crítica justa. Nadie que pretenda ser una gran figura del circuito (y no es que Andy se proclamara como tal antes de tiempo) puede dejar de imponerse en tales escenarios y ese peaje representa la mínima básica para codearte con los mejores luciendo ciertos galones. Pero las grandes victorias del palmarés del escocés que han ido viniendo (US Open ’12 y Wimbledon’13) no se han visto respaldadas por la regularidad que permite no sólo permanecer a flote en la aristocracia del ranking, donde siempre ha solido estar, sino además competir por los mejores trofeos a lo largo de todo el año. Eso es justamente lo que se le exige ahora al tenista de Dunblane.

La estadística es elocuente. Si empezamos a contar desde el inicio de la temporada 2012, año de consolidación de Andy Murray de cara a las grande victorias, el escocés sólo ha estado presente en 3 de las 17 finales de Masters 1000 (contando también la Copa de Maestros de Londres). Más aun, el porcentaje de presencias es todavía menor si sumamos las citas que restan en el presente calendario y que presumiblemente se perderá debido a su operación de espalda. Para tomar mejor proporción del dato, cabe compararlo con el de sus colegas. Rafa Nadal ha estado en ocho finales de esta categoría pese a su parón de más de seis meses, idéntico número de veces que, por ejemplo, Novak Djokovic. La serie reciente de Murray quedaría como sigue:

 2r – F – CF – 3r – (-) – 3r – 3r – F – 3r – SF – CF – G – 3r – 2r – CF – 3r – CF

No es ninguna progresión catastrófica, pero es insuficiente para acercarse a los mágicos 10.000 puntos que evidencian una temporada sobresaliente. Sin duda, la élite del tenis es para tremendos fondistas.

La consolidación de Andy Murray no parece en entredicho, pero el escocés necesita estabilizar su tenis a tiempo completo. Más que mejoras en su juego, Andy precisa un empujón, encontrar la velocidad de crucero para encadenar resultados. Evaporadas las urgencias personales de un tenista presionado desde temprano, con un grado de precocidad algo menor que sus colegas y bastante menos éxito, la salud recobrada debe ser la purga oportuna para afianzar su ritmo de competición. La entrega debe ser mayor en todas las fases de partido. El segundo saque debe ser más agresivo. Pero sobre todo, Murray debe tener presencia durante todo el año. A lo largo del calendario completo. Asaltar los torneos del Grand Slam, pero también aplicarse con los Masters 1000. No hay otra receta para aspirar a la consagración absoluta, y por qué no, al número 1 del mundo.

  • lola del castillo

    No estoy de aacuerdo. Murray antes de ganar wb, el us open y la demadalla olimpica, ya había ganado muchos M Mil. Lo que si es cierto es que no ha conseguido tener el mismo nivel en tierra que en el resto de superficies. La temporada de tierra le molesta y es una asignatura pendiente , que le pone en un nivle un poco inferior a los otros tres grandes del circuito

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