Heroínas: Martina Navratilova

“Se necesitaría un tanque para vencer a alguien como yo’’.

Si hay alguna mujer deportista que conozca la victoria a fondo, es ella. Fue una de las tenistas más exitosas de finales de 1970 y la década de 1980, hasta tal punto, que su nombre se encuentra en la lista de los deportistas más brillantes de la historia. Pero su vida no estuvo exenta de adversidades, lo que engrandece su descomunal leyenda.

Una de las mejores tenistas de la Era Open extendió su carrera por cuatro sorprendentes décadas. De 1974 a 1994 Martina aplicó su dominio en el circuito femenino para imponerse como pocas tenistas llegaron a hacer. Logró el título de “jugadora del año’’, otorgado por la WTA, hasta en siete ocasiones.

Ganó un total de 167 títulos individuales en su carrera, de los cuales 18 son Grand Slam: tres Abiertos de Australia, dos Roland Garros, nueve Wimbledon y cuatro Abiertos de Estados Unidos.

En dobles no se quedó atrás y consiguió otros 31 grandes, además de 10 en dobles mixtos. Levantó un Grand Slam 59 veces. Tampoco quiso perderse la competición por equipos, y tras nacionalizarse estadounidense, llevó al equipo americano a la victoria en la Copa Federación en 1981, 1982, 1986, 1989 y 1990.

Fue la número uno mundial de 1982 a 1987, un total de 331 semanas en lo alto del ranking WTA. La década de 1980 se apellidó Navratilova. Desde 1975 consiguió, al menos, dos títulos por año.

Martina es la mujer récord. Tiene varios logros que llevan su nombre, como ganar 74 partidos seguidos o seis títulos consecutivos en Wimbledon, para tener un total de nueve. También es la jugadora que más veces ha ganado Wimbledon teniendo en cuenta las tres categorías (individual, dobles y dobles mixto) con un total de 20 títulos en el All England Club. Entre 1983 y 1989 llegó a 19 semifinales consecutivas de Grand Slam.

Es una de las tres tenistas, junto a Margaret Court y Doris Hart, que ha conseguido levantar los cuatro grandes en todas las modalidades a lo largo de la historia. Por último, ostenta el récord de títulos en individuales (167) y dobles (177) a lo largo de su carrera. Junto a Pam Shriver tiene el récord de partidos ganados en dobles en el circuito femenino con 109.

Era zurda, musculosa y atlética. Su juego lo conformaban unas increíbles tácticas de ataque en la red. Su saque y volea era temido e infalible. Además, su rapidez en la pista y la agilidad de su cuerpo le permitían cubrirla por completo. Su fuerza era asombrosa y su vitalidad en el juego parecía no tener fin. Pero la evolución de su técnica se vio sobre todo a partir de 1978. Su entrenamiento los años anteriores había sido durísimo. Lo complementó con largas carreras y ejercicios de fuerza, lo que dio como resultado un juego completo y muy dañino. La mejora era patente, y su dominio en pista rápida incuestionable. Su cuerpo estaba hecho y más que trabajado para el tenis. El servicio y la volea muchas veces solo podían ser observados por sus rivales, sin capacidad de reacción ante sus lanzamientos. Fue una gran cañonera con el saque.

En los años en los que vivió en Checoslovaquia fue entrenada por el mejor jugador de su país hasta la llegada de Ivan Lendl, George Parma. Después, en Estados Unidos, trabajaría con la ex jugadora de golf Sandra Haynie.

Cuando comenzó en el circuito irrumpió en el dominio de Chris Evert, a la que ganó en multitud de ocasiones, sobre todo en finales de Grand Slam. Ambas protagonizarían la gran rivalidad de los años 70 y 80, aunque también compartirían victorias en dobles. Durante 15 años, Evert y Navratilova compitieron en las pistas, para terminar con la victoria de la checa.

Martina amaba el tenis y no pensaba retirarse hasta los 40, sin embargo, ella también tuvo su peculiar pesadilla cuando Steffi Graf llegó al circuito. Había dominado durante varios años el tenis femenino, pero con la alemana ya no iba a ser tan fácil. En 1987 perdió el número uno a manos de la nueva estrella.

Nació el 18 de octubre de 1956 en Praga, República Checa, aunque poco después se mudó a Revnice.

Siempre estuvo vinculada a la raqueta. Sus padres trabajaban en el departamento de tenis del gobierno y su abuela había competido por la República Checa en la Copa Federación. Aunque practicó otros deportes con los chicos de su barrio en su infancia, como hockey, esquí o fútbol, estaba claro por qué terminaría decantándose.

Sus padres se divorciaron cuando ella era muy pequeña y su madre se volvió a casar. Precisamente sería su padrastro quien ejercería de entrenador.

Participó en su primer torneo con ocho años, en el que llegó a semifinales. En 1968, la invasión de la Unión Soviética dificultó la continuación de sus entrenamientos. En un contexto político convulso, Martina siempre vio la marcha a Estados Unidos como la mejor opción para el desarrollo de su carrera.

Con 14 años ganó su primer torneo nacional y con 16 se convirtió en la número uno de su país, hasta 1975.

En 1973 participó por primera vez en los tres últimos Grand Slam del año, siendo su mejor marca los cuartos de final en Francia.

Ese año fue la primera vez que visitó Estados Unidos. Esto provocó un cambio en su alimentación y un consecuente aumento de peso. Como resultado, la agilidad en la pista se vio reducida. Este hecho era incompatible con las metas de la checa. Puso fin a su conducta y tras un duro entrenamiento volvió a sus mejores condiciones para superarlas año tras año.

En 1974 repitió los mismos resultados, pero estrenó su palmarés  individual en el circuito con el torneo de Orlando. Además, ganó el primero de sus 59 grandes, en dobles mixtos, junto a Iván Molina. Desde ese triunfo, Martina no volvería a competir en esta categoría hasta una década después.

Adquirió relevancia internacional en 1975 al liderar al equipo checoslovaco que ganó la Copa Federación.

Ese mismo año perdió la final de Australia en su primera participación en el torneo, y la de Francia, esta última contra Chris Evert. Precisamente con la estadounidense levantó su primer título de Grand Slam en dobles. El despegue de la nueva estrella del tenis femenino se había producido. Entonces, Martina, con 18 años, entendió que era el momento adecuado para hacer lo que siempre había entendido como la mejor opción para multiplicar sus posibilidades de éxito. Pidió asilo en Estados Unidos para poder jugar los torneos de allí. Martina quería competir en el US Open, además del resto de torneos, y estaba claro que Norteamérica ofrecía muchas más posibilidades en su profesión que su país natal. Para ello tenía que conseguir la nacionalidad americana. No eran cuestiones políticas, era pura ambición deportiva. En ese momento, Checoslovaquia le retiró la nacionalidad, además de vetarle la entrada, a la vez que le prohibió la salida del país a su familia. En 1981 consiguió la nacionalidad americana y su país de origen le devolvió la checa, así que conservó ambas.

Desde 1975 se posicionó entre las cinco mejores tenistas del mundo. Ese año ganó los títulos de Washington, Boston, Denver y Charlotte.

Aún tardaría algunos años en conseguir su primer grande en individuales, pero mientras, continuó acumulando títulos en todas las categorías por el circuito.

En 1976 se hizo con su segunda grande junto a Evert en Wimbledon. Además ganó en Houston y Sydney en individuales.

En 1977 se quedó a las puertas de revalidar su corona en Wimbledon en dupla, pero ganó por primera vez en Estados Unidos. Para entonces la checa vivía en Manhattan, esperando a que se solucionara la petición de la nacionalidad americana.

Esa temporada ganó seis títulos en el circuito, su mayor número hasta la fecha. Fueron en Washington, Houston, Minessota, Detroit, Edimburgo y Charlotte. Terminó el año como número tres.

Había sido una buena preparación para lo que iba a conseguir. Su carrera solo seguía una dirección y en 1978 comenzaron a llegar los títulos más importantes. No participó en Australia ni Roland Garros, pero en Wimbledon llegó a la final. Allí dejó claro que el relevo generacional se estaba produciendo. Venció a Chris Evert en el último partido para llevarse su primera corona de Grand Slam en individuales. En el resto del circuito, se superó en número de títulos: Virginia Slims, Washington, Houston, Los Ángeles, Chicago, Seattle, Detroit, Kansas, Eastbourne y Phoenix.

Ganó además en Estados Unidos junto a Billie Jean King su segunda corona. Por primera vez consiguió el primer puesto en el ranking. Poco a poco había traído al primer plano su juego efectivo y demoledor, pero todavía el mundo no había visto su temporada más brillante.

En 1979 revalidó su corona en Wimbledon en individuales frente a Chris Evert y en dobles junto a Billie Jean King.

Además, ganó en el campeonato de Avon (Cincinnati), Oakland, Houston, Dallas, Chicago, Richmond, Atlanta, Phoenix y Brighton.

En 1980 no levantó grandes en individuales, pero sí en dobles: en Estados Unidos junto a Billie Jean King de nuevo, y en Australia con Betsy Nagelsen.

En el resto del circuito sus resultados fueron demoledores, se llevó 11 títulos: Colgate Series Championships, Kansas, Chicago, Los Ángeles, Oakland, Dallas, Amelie Island, Orlando, Montreal, Richmond y Tokio.

Martina estaba triunfando en el circuito WTA, pero no se iba a conformar con sus victorias en Wimbledon. Quería sobresalir por encima de todas las jugadoras y marcar todos los récords. En 1981, el año que obtuvo la nacionalidad americana, conquistó su primer grande en Australia, de nuevo frente a Chris Evert. La batalla contra la norteamericana le saldría positiva al final de su carrera, y durante estos años disfrutaba de cómodas victorias sobre la antigua número uno. El resultado de sus enfrentamientos contra Steffi Graf no saldría positivo, pero aun Navratilova disfrutaba del dominio del circuito.

Sin embargo, no pudo coronarse en Estados Unidos, en la primera vez que llegó a la final. Tracy Austin se impuso en tres sets.

Ese año ganó en Wimbledon, de nuevo en dobles, junto a la que sería su eterna compañera en dupla, Pam Shriver. Se quedaron a un paso de reinar también en Australia.

En el circuito se llevó los títulos de Avon Championships, Los Ángeles, Cincinnati, Dallas, Chicago, Orlando y Tokio.

Ese año Estados Unidos ganó la Copa Federación, aunque Navratilova no disputó la final.

En 1982 firmó su mejor temporada. Ganó 90 de 93 partidos en 15 torneos, 41 de ellos fueron consecutivos. Se alzó con dos grandes en una temporada: Roland Garros y Wimbledon. Por primera vez la checa se impuso en tierra batida, a pesar de tener un juego opuesto por naturaleza a esta superficie. En Francia ganó a Andrea Jaeger y en Inglaterra, su coto privado, a Chris Evert. Ese año inició el primero de sus seis títulos consecutivos en Londres, hazaña por la que sería más que recordada. Sin embargo, no pudo con la americana en Australia, donde falló la oportunidad de hacerse con su tercer grande el año. En Estados Unidos, cayó eliminada en cuartos de final.

Aunque eran los mejores resultados en torneos importantes hasta la fecha, en dobles superó ese dato. Conquistó, junto a Anne Smith, Roland Garros y con Pam Shriver Wimbledon y el Abierto de Australia. Por su lado se llevó el torneo de Toyota (anterior Avon Championship), Eastbourne, Montreal, Filderstadt, Washington D.C., Seattle, Chicago, Kansas, Dallas, Sydney, Hilton Head, Orlando y Brighton.

Ese año Estados Unidos volvió a ganar la Copa Federación, y esta vez Martina si tuvo que ver en la última eliminatoria. Tras vencer a Indonesia, México, Brasil y Checoslovaquia, se impusieron por 3-0 a Alemania Occidental en la final.

En la siguiente temporada ganó 86 de 87 partidos, y cerró el círculo de grandes con el título de Nueva York. Estuvo a punto de hacer el Grand Slam, pero en Roland Garros cayó en cuarta ronda.

Ganó su segundo título de Australia frente a Kathy Jordan, su cuarto de Wimbledon contra Andrea Jaeger y su primer Abierto de Estados Unidos venciendo, de nuevo, a Chris Evert en la final. En dobles conquistó los mismos títulos importantes junto a Pam Shriver. Acumuló además otros tantos títulos individuales: Virginia Slims, Eastbourne, Montreal, Tampa, Filderstadt, Tokio, Hilton Head, Washington, Houston, Chicago, Dallas, Orlando y Los Ángeles. 16 títulos en singles en una temporada sobresaliente.

En 1984 llevó a cabo de nuevo una temporada insuperable. El tenis arrollador de Martina solo hería, nunca se dañaba. De nuevo rozando el Grand Slam, esta vez sí ganó en Francia, pero no en Australia, además de Londres y Nueva York, los tres ante Chris Evert. Se llevó otros 10 títulos en singles, todos en 74 partidos consecutivos invicta. Fueron en Virginia Slims, Amelie Island, Eastbourne, US Indoor, Sydney, Orlando, Newport, Mahwah, Fort Lauderdale y Nueva Orleans.

En dobles consiguió lo que se le resistía en el circuito individual. Junto a Pam Shriver hizo el Grand Slam, batiendo a una pareja distinta en la final de cada campeonato.

En 1985 llegó a todas las finales de los torneos importantes, pero solo pudo llevarse dos. En Australia y Wimbledon ganó a Evert, pero no pudo con ella en Roland Garros, ni con Hana Mandliková en la final de Nueva York.

Sola, levantó los trofeos de Virginia Slims, Miami, Eastbourne, Sydney, Washington, Houston, Dallas, Orlando, Fort Lauderdale y Brisbane.

Junto a Pam Shriver ganó de nuevo en Roland Garros y Australia.  A punto estuvieron de conseguir de nuevo el Grand Slam, pero cayeron en las finales de Wimbledon y Estados Unidos.

Volvió a la competición de dobles mixtos para hacer lo que sabía. Tres de cuatro. Roland Garros y el US Open junto a Heinz Günthardt y Wimbledon con Paul McNamee. Martina volvía a demostrar que se situara donde se situara el resultado iba a ser el mismo.

En 1986 no se celebró el Abierto de Australia, pues se movió el mes de celebración a enero y ya se había disputado en diciembre de 1985. Martina llegó a las tres finales de los otros grandes, pero falló en la primera. De nuevo se le atragantó Chris Evert, en Francia. Esta vez las bolas altas de la americana pudieron con el juego de la checa. Sí se llevó los otros dos Grand Slam, frente a Hana Mandliková y Helena Suková. Ganó otros 12 torneos ese año: Virginia Slims en marzo y noviembre, Eastbourne, Washington, Filderstadt, US Indoor, Chicago, Dallas, Los Ángeles, Nueva Orleans y Nueva Inglaterra en enero y noviembre.

En dobles repitió el trireinado en Roland Garros con Andrea Temesvari, y en Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos con Pam Shriver.

En dobles mixtos no consiguió ningún grande. Se quedó en la final de Wimbledon junto a Heinz Günthardt y en la del Abierto de Estados Unidos acompañada de Peter Fleming.

Durante esa temporada consiguió las 1.000 victorias.

Ese año había vuelto a Checoslovaquia como parte del equipo de Estados Unidos. Aunque fue con algo de recelo, la vuelta supuso la reconciliación entre la tenista y su país. El público se volcó con ella. Era un ídolo más. Allí volvió a ganar la Copa Federación.

En 1987 llegó de nuevo a las finales de las cuatro grandes citas, pero sin poder coronarse en todas. Para entonces, ya había aterrizado en el circuito una de las mayores amenazas de Martina Navratilova durante toda su carrera, Steffi Graf. Aun así, ese año, el resultado final sería positivo para Navratilova, la única temporada. Contra ella perdió cuatro finales de grandes. Ese año fue la primera en Roland Garros. En Australia había caído también en el último partido frente a Hana Mandliková. Sin embargo, ganó a la joven alemana en Wimbledon, consiguiendo su sexta corona consecutiva, y en Estados Unidos. Ese año fue de adaptación para Graf, quien seguiría la regla de Navratilova de no dejar títere con cabeza por donde pasara.

En dobles, su éxito continuaba con su compañera americana. Se impusieron en tres de los cuatro grandes. Solo faltó Wimbledon. Ganó además en dobles mixtos junto a Emilio Sánchez en Nueva York.

En el resto del circuito individual solo ganó en Filderstadt y Chicago.

En los siguientes años no ganó un Grand Slam en individuales hasta 1990. Steffi Graf arruinó su plan de coronarse en Wimbledon nueve años consecutivos. Se quedó en seis, igualmente hito histórico. Sí continuó ganando Grand Slam en dobles.

En 1988 levantó las coronas en Australia y Francia con Pam Shriver, y en 1989 revalidaron juntas la de Melbourne, el último grande que ganaron como pareja. Ese año ganó también junto a Hana Mandliková en Nueva York. Además, se hizo de nuevo con la Copa Federación en la final contra España.

En ese par de años tampoco pudo conseguir un grande en dobles mixtos, a pesar de que en 1988 llegó a la final de Australia junto a Tim Gullickson.

En este tiempo acumuló 17 torneos individuales en el circuito. Se había visto obligada a compartir su reinado, pero no había bajado el nivel.

En 1990 ganó su último grande en singles, como no, en Londres. Fue ante Zina Garrison en una cómoda final. También fue el último  de dobles, la novena corona en Estados Unidos, pero esta vez junto a Gigi Fernández.

En el circuito siguió acumulando títulos individuales hasta 1994, cuando consiguió el último en París Indoor.

En 1992 jugó contra Jimmy Connors la famosa batalla de los sexos celebrada en Las Vegas. Perdió por 7-5 y 6-2, a pesar de que el estadounidense solo tenía un saque por punto y la tenista podía utilizar el pasillo de dobles en la pista contraria. “Reconozco que no supe aprovecharme de las ventajas. Tuve un saque malo y me sentí más nerviosa que en ningún otro partido de los que he disputado en mi carrera profesional”.

Se retiró en 1994 siendo la octava jugadora en el ranking, tras la derrota con Arantxa Sánchez Vicario en Roland Garros, pero regresó en 2000 para dedicarse sobre todo a la competición de dobles y dobles mixtos. “La pelota no sabe qué edad tengo’’, pero aunque ella sí, seguía teniendo ganas de levantar títulos. En junio de 2002 logró en Eastburne su primera victoria desde 1994 frente a Tatiana Panova.

En 2003 acumulaba 38 victorias en individuales y dobles en la Copa Federación. Entonces, con 47 años, ganó el partido de dobles de la eliminatoria de semifinal contra Bélgica junto a Lisa Raymond.

Ese año ganó en Australia y Wimbledon junto a Leander Paes en dobles mixtos. No pudo reinar en dobles femeninos en Estados Unidos, a pesar de haber alcanzado la última ronda junto a Svetlana Kuznetsova.

En 2004 volvió al circuito individual, pero cosechó malos resultados, primera ronda en Francia y segunda en Londres. Se centró entonces en la dupla. Ese año perdió la final del Abierto de Australia en dobles mixtos junto a Leander Paes. El año siguiente pasó lo mismo en Roland Garros.

En 2006 ganó su último grande en esta categoría junto a Bob Bryan, siendo la mujer más mayor (49 años) en levantar un grande. Entonces, se retiró definitivamente de la competición.

La leyenda de Martina es descomunal. No habría sido posible sin el duro entrenamiento diario al que estuvo sometida durante tantos años, sin descanso. Lo más impresionante de toda su historia son sus ansias de ganar siempre, que alargó hasta cuatro décadas. Se mantuvo en un buen nivel hasta su retiro definitivo, aunque obviamente no fue siempre el mismo. Sus años de reinado fueron largos y de dominio total. Solo una jugadora con un estilo opuesto, pero una mente casi idéntica pudo hacerle sombra. La misma que ella había hecho a su antecesora, Chris Evert.

Martina está considerada una de las mejores deportistas de todos los tiempos. Basándonos en el palmarés no hay muchas dudas, pero fijándonos en su carácter se entiende todavía mejor. Incansable y luchadora, le quedaron pocas metas por alcanzar en cualquier categoría.

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