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El sueño de Cristina

El circuito está lleno de historias increíbles, que se cuentan a manos llenas cuando uno rebusca en sus profundidades. Una de esas historias la protagoniza Cristina Sánchez-Quintanar Muñoz-Quirós. De juego variado, lista en pista, rápida y luchadora. Cristina probó suerte, no sin dificultades, siendo aún una niña en el circuito ITF. De origen humilde apostó fuerte por un futuro profesional en el tenis que no logró alcanzar, incluso costeándose a través de sus padres su incorporación al CAR de Barcelona. Su techo alcanzado: el top-600. Entonces tomó “la mejor decisión de mi vida”: marchó a Estados Unidos a través de una beca de estudios que le permitía compaginar metas deportivas y académicas. “No me esperaba para nada todo lo que he vivido allí y mucho menos que iba a hacer tanto ruido en la NCAA (así se denomina a la famosa y competida liga de deporte universitario americana), pero alguna vez el trabajo tiene que dar sus frutos y para mi esa fue la recompensa”, nos comenta Cristina. Se convirtió en pilar fundamental para su entrenador (que la llevó consigo de Maryland a Houston), llevó a su equipo a la final nacional de la NCAA y llegó al número tres del ránking. Además, sus éxitos alcanzaron también otros deportes como el baloncesto o el fútbol, su pasión, así como el rendimiento académico lo que le convirtió en la única jugadora de toda la NCAA en competir en tres disciplinas a la vez y a recibir premios por su brillantez académica estudiando Comercio Internacional. Un ejemplo.

Todo ese periplo quedó atrás hace varios meses, entonces Cristina decidió lanzarse a la aventura y darse una última oportunidad en el circuito. Son muchos los casos, normalmente de nacionalidad estadounidense, de brillantes jugadores de la NCAA que saltan al circuito ATP o WTA (Isner, Anderson, los hermanos Bryan, Gibbs o Raymond entre otros). “Cuando acabé la universidad no tenia nada claro. Jugar en Estados Unidos por unos años me ayudó mucho mentalmente a tomarme el tenis de otra manera. Antes de irme lo más importante para mi era el tenis y cuando decidí irme me cambiaron las prioridades y la manera de tomarme este deporte. Me di cuenta que el tenis no lo es todo; hacer otros deportes me ayudó a entenderlo. Disfruté del deporte, de los amigos y de la carrera de una manera equivalente. Cuando terminé, mis entrenadores me animaron a intentarlo de nuevo desde cero. No fue una decisión fácil cuando te llegan ofertas de trabajo y otras oportunidades que también son apetecibles y mucho más cómodas. Pero eso sería el camino fácil y a mi me gustan los retos”, afirma Cristina, fan incondicional de Raúl, el futbolista y con indudable parecido a Laura Pausini. “Mi actitud en la pista es totalmente distinta que la de antes de irme. Estoy mucho más tranquila y disfruto mas. Tener una carrera que me respalda da mucha tranquilidad”.

No se equivocaron, la española ha vuelto de una manera ilusionante, con un balance en el circuito ITF de 29 victorias por ocho derrotas, con cinco finales disputadas (todas ellas perdidas) y un ránking que se acerca de forma interesante al top-500 de la WTA (y top-300 de la RACE de este año). “La verdad es que no me esperaba empezar así. Sabía que iba a ser complicado y a principios de año me planteé seriamente ni intentarlo porque la situación era complicada con respecto a entrenamientos y a cómo lo iba a hacer. Pero una vez me decidí, fui con todo. Hice una pretemporada muy concienciada de lo que quería. Lo de las finales espero que algún día lo cuente como anécdota (ríe). Perder tantas finales seguidas fastidia mucho pero luego lo pienso y para perder una final primero hay que llegar y solo dos jugadores cada semana llegan. Si hace tres meses me dices que iba a jugar cinco finales en siete torneos… Lo hubiera firmado sin pensarlo”, afirma la de Ciudad Real desde Heraklion (Grecia) donde está compitiendo durante tres semanas consecutivas para tratar de ahorrar costes y maximizar resultados. “Lo más importante ahora es jugar partidos e ir cogiendo ritmo de competición y cuantos más partidos gane, más partidos puedo jugar, y eso es lo importante ahora. Esta semana he perdido en un partido durísimo (7-5, 4-6 y 4-6) ante la húngara Anna Bondar- y la sensación a pesar de la derrota es buena, estos son los partidos que quiero jugar y los que me harán mejorar. De momento, hay que seguir luchando para llegar a más finales, tener partidos como los de hoy y algún día se ganará”. Madura, concentrada y preparada, no sorprendería ver a Cristina ascender aún más en los ránkings pronto.

Sin embargo, los costes económicos son muchos. Cristina se coloca prácticamente entre las 500 mejores jugadoras del mundo tras apenas cuatro meses competidos, y lo hace sin grandes recursos, disputando pequeños torneos y sin entrenador como tal. Entrena en su club de toda la vida en Alcázar de San Juan con su amigo Jaime Gutiérrez. “Me ha estado ayudando desde que volví de Estados Unidos, y me ha ido bien. Ahora estoy mirando más opciones para poder entrenar con gente distinta de vez en cuando y no acomodarme a su estilo de juego, pero de momento sigo en casa y él me ayuda en lo que puede. Sino, ahora mismo no tendría la raqueta en la mano”, afirma Cristina sobre Jaime. “Con la preparación física me ayuda un entrenador asturiano, David Suárez. Él me planifica cada semana ya sea cuando estoy en casa o de torneos. Siempre está pendiente de cómo estoy, de cómo me encuentro y me prepara el programa para que esté rápida y a tope cada vez que entro a pista”. Sin patrocinador alguno, tira como puede con ahorros de los últimos cinco años y ayudas de amigos que sueñan con ella en que algún día todo habrá valido la pena y habrá alcanzado el circuito profesional. “O ganas o pierdes dinero siempre. Por lo menos a estos niveles. Esa es una de las razones por las que decidí irme a Estados Unidos, ya que económicamente era inviable seguir. Y con esa presión yo no podía jugar. Mis padres me ayudaron con la academia en Barcelona y cuando decidí irme me prometí a mi misma que nunca más les iba a pedir dinero para jugar a tenis”, relata Cristina que considera a su familia como las personas que han tenido mayor impacto en su carrera profesional. “El problema vendrá pronto cuando juegue torneos de mayor nivel, necesite entrenar más y los ahorros se acaben. Entonces tendré que volver a replantearme la situación y barajar otras opciones”, cierra Cristina que tiene su perfil en gofundme.com a disposición de todo aquel dispuesto a colaborar.

Precisamente tras sus recientes logros, se hace necesario dar otro salto más en el circuito. Dejar de jugar los ITF 10.000 y lanzarse a disputar previas de mayores torneos que pongan a prueba su capacidad para crecer. Ahí llegará el momento de la verdad para Cristina. “Mi objetivo a día de hoy viendo cómo van las cosas sería acabar el año top-350. Aún queda muchísimo pero creo que es una meta realista y que me motiva para seguir cada semana. Espero tener la oportunidad por lo menos de seguir hasta final de año, pues los gastos del circuito pueden ser un problema en los próximos meses”, nos confiesa una Cristina que afirma no ponerse techo y que desea ir día a día. “Si las cosas se hacen bien quien sabe lo que puede pasar”.

Una estela peculiar la que refleja su balance de victorias en 2015, una subida vertiginosa en el ranking que promete, una historia de superación a seguir. En definitiva, una lección de cómo retomar sueños truncados; de esos que duermen durante años para retornar con más ilusión, más madurez y más fortaleza.

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