Un japonés y un argentino

Rafael Plaza desde la ciudad de Londres

Dante Bottini (Buenos Aires, Argentina; 1979) es el hombre que ha pilotado con pericia la carrera de Kei Nishikori, llevándole en cuatro años de la frontera del top-100 al cinco del mundo con una final de Grand Slam por el camino. El argentino, que viajó por el mundo intentando ser jugador profesional y acabó sentado en el banquillo, vive ahora sus mejores días desde la grada. En Londres, reunido con dos periodistas, el técnico del japonés habla de caravanas, de formas de ser y de sushi y asado.

Pregunta. Dejó de intentar ser tenista profesional a los 20 años. ¿Por qué?

Respuesta. Lo dejé a los 20 o 21 años porque económicamente no llegaba. Viajaba en una caravana con otros amigos y un patrocinador que nos apoyaba. Nos dio el vehículo y nos pagaba para poder ir a los torneos. No me vi con futuro para llegar. Había futuro, pero no en esas circunstancias. Era muy difícil. Decidí dejarlo y estudiar. Y me fui con una beca a Estados Unidos. Había llegado al número uno del mundo con 14 años en Argentina. Gané un par de torneos nacionales.

P. ¿Cómo es ir en una caravana?

R. Viajaba con dos amigos más de argentina y otra persona. Uno era un compañero mío de dobles al que conocía desde hacía mucho tiempo, de la misma edad que yo. Otro un argentino y el último el hijo del patrocinador. Fue muy duro. En la caravana tratábamos de no ir al baño porque se gastaba mucha agua y se quedaba el olor… teníamos que ir a los vestuarios, salir de noche y tratar de buscar algún baño público o aprovechar en el club. Era bastante lioso. Y sin entrenador ni nadie. Me fui a los 16 años y conducíamos nosotros mismos la caravana.

P. ¿Ustedes?

R. Sí, todos nosotros conducíamos. El patrocinador estaba en su casa…

P. Pasó de dejar el tenis a trabajar en la Academia de Nick Bolletieri.

R. Terminé la Secundaria en Argentina y me fui a Estados Unidos a estudiar con una beca gracias al tenis. En 2007, me gradué en Sports Management, que es el nombre de la carrera. Pasé a trabajar en la Academia de Nick Bolletieri por un amigo mío que estaba allí. Empecé muy abajo, tirando bolas. Hasta que se dieron cuenta de que tenía mejores cualidades que tirar pelotas y comencé a entrenar a los chicos de competición y algunos profesionales en IMG. Luego, Kei me ofreció trabajar con él.

P. Y empezó cuando él era el 98 del mundo. Hoy es el número cinco. ¿Lo imaginaba?

R. Cuando empecé con él no, porque tenía 21 años. Sabía que tenía un talento infernal, pero era muy difícil decir en ese momento que llegaría a ser número cinco del mundo. Le veía potencial para crecer mucho, pero no sabía cuál era su techo. Después de un par de años de trabajo, de ver cómo jugaba, cómo competía, lo que tenía dentro… me di cuenta de que podría llegar incluso a ser número uno del mundo.

P. ¿Qué cambios han cimentado esa evolución?

P. Todo parte mucho del tema físico. Antes, le abrían un poco la pista y tiraba un palo. No era capaz de quedarse en el intercambio. Obviamente, la defensa fue lo primero que empecé a trabajar con él. Nishikori era muy bueno ofensivamente, le gustaba atacar mucho, pero cuando le sacaban de esa posición soltaba un latigazo y cerraba los ojos: si entraba bien y si se marchaba bien también. Trabajamos mucho eso y el físico, para ponerlo un poco más grande, con más pulmón para que pudiese aguantar mejor los peloteos y resistir. Lo mejoró muchísimo. Los dos primeros años que estuvimos juntos creo que fue el jugador que más partidos a tres mangas jugó y ganó, casi siempre remontando el primer parcial. Todo es un proceso. Según evolucionó, y aumentó la confianza, fuimos puliendo cosas, pero nunca sin perder la capacidad ofensiva

P. Este año en Madrid abrumó a Nadal hasta que se lesionó. 

R. Kei estaba jugando muy bien. Venía de ganar en Barcelona, que es un torneo muy importante y durísimo. Estaba con confianza. En Madrid ya le había ganado a Federer el año pasado, llegando hasta los cuartos de final. Le gusta jugar allí y venía haciendo un gran torneo. Derrotó a Ferrer en un partido intenso. Viví el duelo ante Nadal con mucha ansiedad e impotencia. Cuando en el cambio de lado me miró, y me dijo un par de cosas… dije ya está, no puede seguir. Tratamos de sacar lo bueno: si no se hubiese lesionado habría tenido una gran oportunidad de ganarle, tal y como estaba jugando. Aunque nunca se sabe con Nadal. Nos quedamos con lo positivo. Hizo un partido infernal, la táctica le funcionó y veremos qué sucede la próxima vez que se encuentren.

P. ¿Le sorprendió que llegase a la final en el Abierto de los Estados Unidos?

R. Sí y no. Nosotros estamos trabajando para esto. Todos estos años que hemos venido entrenando duro es para llegar a un Grand Slam y ganarle a todos los jugadores. Años atrás, ya había ganado a casi todos, pero esta temporada ha ido un poco más allá porque lo ha hecho de forma más seguida. No me sorprendió tanto por la manera en la que venía jugando: ganando a Raonic en cinco sets, a Wawrinka en cinco sets, a Djokovic le ganó bastante bien…

P. ¿Qué le dijo antes de jugar contra Cilic?

R. Le recordé todo lo duro que había trabajado y el esfuerzo que había hecho el equipo para que llegase hasta la final. Le dije que se lo merecía y que debía creérselo, porque para algo estaba ahí. Le recordé que le podía ganar a cualquiera. Después, puede darse el resultado o no.

P. ¿Es difícil tratar con él por su carácter introvertido?

R. Ahora es más fácil porque hace cuatro años que estoy con él, pero al principio era duro y difícil. No demostraba nada, no tenía ningún feedback suyo. Yo tenía que adivinar un poco todo. Y era todo yo, todo yo, todo yo… muy monótono. Por momentos está bien porque te escucha, pero luego necesitas algo para saber cómo están las cosas y si le gusta lo que haces. Hoy, solo con verlo me doy cuenta de si está contento, si le gustan las cosas o si está bien. Es muy buen chico.

P. ¿Gestiona bien la fama? En Londres el año pasado no había un solo periodista japonés y esta temporada hay decenas.

R. Está acostumbrado a eso. Tiene a 20 o 30 japoneses en todos los torneos del Grand Slam. En Tokio tiene un montón de gente que lo sigue. Al principio, estaba un poco más encima de él diciéndole que no le diera mucha importancia a lo que le dicen. Yo tampoco sé lo que le dicen, porque no entiendo el idioma. Y él tampoco lo cuenta. Pero lo maneja bien, está acostumbrado a lo que lo sigan, lo graben y le pregunten siempre lo mismo. No tiene presión por eso.

P. ¿Qué ha aportado Michael Chang al grupo?

R. Confianza, sobre todo en Kei. Tener a un exjugador como Michael y volcar toda esa experiencia es importantísimo. Avala todo el trabajo que yo he hecho, porque más o menos decimos lo mismo. Obviamente, ha sido buena su incorporación para sumar confianza al equipo.

P. Raonic, Dimitrov y el propio Nishikori han dado un paso esta temporada para estar entre los mejores. ¿Dejarán hueco los grandes en 2015?

R. No creo que vayan a dejar hueco. Djokovic está muy bien arriba. Murray tuvo un final de año fabuloso y llegará a tope la próxima temporada. Nadal, también. Y Federer es Federer, está ahí siempre. Los más jóvenes, como Nishikori, Raonic o Dimitrov, están queriendo meterse y seguramente lo van a conseguir, poniendo a los otros en problemas, pero no me arriesgaría a sacar a los grandes todavía.

P. Su grupo en la Copa de Maestros está lleno de piedras. ¿Tiene opciones de estar en semifinales?

R. A Nishikori le veo opciones de todo. Incluso para ser número uno del mundo, soy el entrenador, qué le voy a decir. A las capacidades que tiene hay que añadirles mucho trabajo. Mañana de buenas a primeras no va a ser número uno. Todo es un proceso. Cuando empezamos, nadie pensaba que llegaría a ser top-20 y hoy es número cinco y casi ganó un Grand Slam. Los sueños hay que creérselos. El grupo es durísimo, pero hay que salir a la pista con mentalidad ganadora y confianza.

P. ¿Discuten mucho por comer sushi o asado?

R. No, para nada (risas). A mí me encanta el sushi y Kei le encanta la carne argentina. Al margen, no es de pelear mucho. No le gustan las confrontaciones, así que nos llevamos muy bien.

  • Sigrid Huarte

    Que buena entrevista!! Muy interesante todo lo que cuenta. Lo de la caravana es algo increíble, parece de ficción, aunque conociendo la realidad de este país, no tanto.
    Saludos desde Baires.

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