El tiburón que temía a las ratas

Rafael Plaza desde la ciudad de Valencia

Pasan cinco minutos de las ocho de la tarde cuando David Ferrer (Xàbia, España; 1982) se disculpa por llegar tarde a la cita. Cae la noche sobre Valencia y el número tres del mundo viste camiseta malva y pantalones cortos porque la temperatura en la ciudad invita a ello. El español, que no pierde la sinceridad cuando la grabadora se pone en marcha, se sienta durante casi una hora con TENNISTOPIC sin prestar atención al reloj. Luego, al acabar la conversación, se marcha dando las gracias. Por el camino, en las palabras, queda retratada el alma del campeón evidenciando que antes de jugador, por encima de los títulos y logros, es una persona como cualquier otra. Un tenista de carne y hueso.

 ¿Por qué le llaman el tiburón? 

Es una historia del US Open. Estaba con Albert Molina [su agente], Nacho Muñoz [su doctor] y Javier Piles [su entrenador]. Había ganado mi partido de cuartos de final y jugaba al día siguiente semifinales contra Djokovic. Albert contó una historia de dos hermanos que eran surferos y les atacó un tiburón. Uno de los hermanos defendió al otro, haciendo gala del sacrificio y la lucha por alguien que quieres. Y se quedó esa historia. A raíz de ahí, nos quedamos un poco como los tiburones. Era el hecho de hacer la épica, porque eran las semifinales contra Novak Djokovic. Incluso hicimos un grupo de Whatsapp que se llama tiburón team.

 ¿Cuánto sacrificio hay en su vida?

Sacrificio mucho. Todos los que están aquí han tenido que hacerlo para poder llegar. Hablo por mí, porque no conozco los otros casos. El hecho de convivir cada día con la derrota, porque ganar está al alcance de pocos, es duro. Cuando estás fuera, cuando pierdes… sobre todo en los inicios. Cuando eres tan joven no lo asimilas como ahora, no tienes la experiencia necesaria para hacerlo. Empiezas a perder con 14 o 15 años y no eres consciente de que esto no es un sueño tan fácil como se ve. De los 14 a los 20 años es la peor época, cuando más me he sacrificado para poder llegar.

 ¿Qué es lo que más le gusta hacer?

Jugar a tenis y poder competir. La satisfacción de ganar. Eso a nivel profesional.

 Olvide el tenis.

A nivel personal, disfrutar con mi gente. Soy muy amigo de mis amigos. Siempre soy respetuoso con todo el mundo, siempre soy correcto, pero sobre todo con mis amigos. Es importante para mí tener un buen entorno familiar. Ahora disfruto más de estar en casa, en Xàbia, porque me he hecho una casa y tengo la suerte de poder estar allí después de tantos años en Valencia o viajando. Ahora lo combino más con Xàbia.

 ¿Le preocupa el momento que atraviesa el país?

Claro. Es mi país y todos estamos envueltos en ello. A nivel familiar, a nivel de mis amigos, afecta muchísimo ver lo que estamos sufriendo. Pasan los años y sigue siendo cada vez peor.

 No se ve la salida.

Yo, al menos, no veo una evolución, una salida. Ver que mucha gente se va fuera, personas muy válidas con varias carreras, es preocupante. Por mucho que en mi trabajo me vaya bien, como es el caso, no significa que no me preocupe por las cosas que están pasando en el país.

 Su situación es diferente.

Es que soy un privilegiado. Mi mundo es irreal. Los tenistas profesionales, o los deportistas de alto nivel, llevamos una vida irreal. Tienes que ver la media, ver cómo funciona el día a día, y darte cuenta de que lo tuyo no es normal. A partir de ahí, hay que ser conscientes. Ahora mismo vivo una situación muy bonita, pero sé que cuando acabe mi carrera la vida continúa. Y la vida no es lo que estoy viviendo ahora.

 Dígame qué recuerda de su infancia.

El Club de Tenis Jávea. Allí me crié con mis amigos y tuve mi primera raqueta, una Adidas de madera. El tenis siempre me ha gustado, pero sobre todo me gustaba porque lo compartía con mis amigos. Pasaba muchas horas en el club jugando a fútbol, al escondite y pegándole al frontón.

 ¿Cuál fue el regalo de Reyes Magos que más ilusión le hizo?

Ahora soy más de navidad porque estoy fuera siempre en esas fechas, pero antes era de Reyes Magos. El regalo que más me gustó… quizás un monopatín. Mi hermano y yo jugábamos mucho juntos y me hizo mucha ilusión.

 ¿Y una raqueta?

La raqueta de tenis por supuesto, pero en Reyes no recuerdo que me regalaran una raqueta.

 ¿Se ha parado a pensar la cantidad de vuelos que ha cogido?

¡Buah! (resopla). No los he contado, pero muchísimos. Cada temporada ha sido lo mismo desde los 16 años que empecé a viajar fuera.

 ¿No está cansado?

Si le soy sincero, sí (risas). Lo que me cansa, ahora más que antes, son las esperas en los aviones y las escalas en distintos aeropuertos. Pero estoy viviendo un momento dulce. No es como cuando tenía 20 años que iba todo más rodado, ahora me cansa más eso, pero sigo teniendo la misma pasión por el tenis, incluso más que antes.

¿Ha pensado en la retirada?

No, no. Puedo pensar en lo que haré en el futuro, pero es algo muy diáfano, muy efímero.

¿Se olvidará de este mundo?

No, no. No me veo olvidándome del tenis. Siempre estaré vinculado al tenis porque me lo ha dado todo. Ya no porque se lo deba, simplemente porque me gusta. Me gustaría ayudar a mejorar el tenis español, que es difícil porque ya va muy bien. No sé en qué aspecto, si como entrenador u otra cosa. Seguro que estaré relacionado con el mundo del tenis.

Lo normal en tenis es perder.

Sí, claro.

¿Y por qué cuestan tanto aceptarlo desde fuera? Sus compañeros sufren insultos a diario por redes sociales.

No todos pueden ganar, hay un ránking. Feliciano [López] está 30 del mundo, sólo hay 29 mejores que él. En ese aspecto, la gente increpa en las redes sociales, no las personas que van a ver el tenis. Hay libre expresión.

Demasiada.

En las redes sociales estás más expuesto a ello y no todo vale, al menos para mí. Me hace gracia cuando leo cosas en los foros. Simplemente, el hecho de que alguien escriba en un foro para increpar o para preocuparse de un tenista, me hace gracia porque con tantas cosas que hay que hacer en la vida y tanto por aportar, incluso manifestarse ahora como está el país, y pierdes el tiempo hablando de deporte. Esto es un deporte, nada más. Muchas veces sale en la televisión y la gente le da más importancia, pero es sólo una manera de tenernos entretenidos. Hay que preocuparse mucho más de lo que está pasando en el país que dedicarse a increpar a un jugador de tenis.

Compare el sabor de una victoria y una derrota.

Está claro que para saborear la victoria primero tiene que haber una derrota. Hay que aprender de ella. Para saber ganar, hay que saber perder y primero siempre se tiene que perder para asimilar, buscar soluciones y mejorar. Si una persona, en cualquier trabajo, está acostumbrada a que todo le vaya bien, a ganar siempre, no lo asimila y el batacazo es mucho más grande.

Le gusta mucho leer, ¿verdad?

Sí.

¿Puede un libro marcar una vida?

Puede ayudar, más que marcar. La vida te la da la experiencia. Por mucho que leas, si no tienes una experiencia, nunca vas a sentir lo que es realmente. Pero leer cosas diferentes, o cosas con en las que te sientas involucrado, puede ayudar.

¿Lee en los aeropuertos para matar el tiempo?

Sí, pero no para matar el tiempo. Me gusta leer siempre. Por la noche o cuando viajo porque tengo más tiempo. Y me gusta leer porque aprendo. Leyendo una buena novela puedes aprender de historia, leyendo libros de autoayuda puedes aprender maneras de vivir la vida y leyendo autobiografías puedes aprender cómo la viven otras personas.

Dígame el mejor libro de autoayuda que ha leído.

El arte de no amargarse de la vida, de Rafael Santandreu. Ha sido de los que más me ha gustado.

Una novela.

La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones.

¿Cuánto tardó en leerse La Catedral del Mar? Tiene más de 600 páginas…

Poco, porque me gustó mucho, pero también leí La mano de Fátima y me encantó igualmente.

Y una autobiografía.

Rafa Nadal, de John Carlin, es un buen libro para leer. Sobre todo, lo recomendaría a muchos tenistas jóvenes.

Piense qué acontecimiento histórico le habría gustado vivir desde fuera.

Desde fuera…

O bueno, desde dentro.

Quizás, la Guerra Civil. No vivirla en directo, por supuesto, porque son momentos de hambruna, momentos muy duros.

¿Alguno más?

La Segunda Guerra Mundial o la época de Napoleón, pero me gustaría haberla visto desde fuera, por supuesto. Desde dentro no, porque nosotros estamos más que bien así.

Hábleme ahora de un personaje histórico al que querría haber conocido.

Napoleón.

¿Por?

Por todo lo que le rodeaba. Esa ambición, esa manera de empezar desde cero. Comenzó como un soldado y acabó siendo el generalísimo y no tenía sangre azul.

Hablando de ambición, Toni Nadal defiende que a los jugadores jóvenes actuales les falta capacidad de sacrificio para llegar arriba.

Hombre…

Le pongo otro ejemplo.  “Ahora, si rompes un móvil, pides otro y que sea el modelo nuevo”, nos decía Tommy Robredo.

Ya, pero porque todo evoluciona, el mundo cambia. Antes hablábamos desde cabinas y ahora tenemos móviles, pero es mucho mejor tener móviles porque lo hace más fácil todo.  El tenis se ha profesionalizado más. Los tenistas veteranos aguantan más porque van con fisioterapeuta, hacen un calentamiento mucho más específico y se lesionan menos. Eso ayuda, claro. Antes los jugadores se metían más jóvenes, pero los más mayores acaban antes. Recuerdo a Berasategui terminar su carrera con 27 años.

Haas es un buen caso. Con 35 años y llamando a las puertas del top 10.

Mire Haas, sí. Todos los jugadores del top 10 tienen entre 27 y 28 años y están aguantando a muy buen nivel. Aún así, las facilidades que en los últimos años hemos tenido dentro de la burbuja en la que vivimos ha ayudado a la gente a vivir más fácil y quizás no tener ese sacrificio. Le pongo los ejemplos de las Federaciones inglesa, francesa o australiana. Sus jugadores lo tienen prácticamente todo pagado desde los 12 años, si juegan bien, hasta los 25 incluso…

Pero porque tienen grandes ingresos como organizadores de un Grand Slam.

Sí, porque tienen más dinero. Ellos tienen la suerte de tener más facilidades económicas. Sin embargo, en España eso no lo tenemos y hay más jugadores arriba. ¿Por qué? Por ese sacrificio.

Usted es el tres del mundo, un deportista muy reconocido a nivel mundial. ¿Cómo hace para tener los pies en el suelo? Parece difícil desde fuera.

Es muy importante el entorno, familia y amigos. Que te lo hagan ver cada día y que te digan la verdad. Tienes que ser consciente de ello. Por mi vida ha pasado mucha gente que venía de paso, por así decirlo, porque era David Ferrer, pero no era el David al que conocen familia y amigos. Al final, tienes que pensarlo. No puedes vivir la vida sin pensar. Lo más fácil, lo que no está en internet, es el sentido común de las cosas.

¿Le gusta el cine?

Me encanta. De hecho, ahora que hablamos de cine, muchas veces pienso que me encantaría ir solo al cine. Ir a las cuatro o las cinco de la tarde.

¿Puede hacer eso?

Lo puedo hacer, pero muchas veces me siento observado y me da vergüenza. Soy muy tímido. Pero cuando acabe de jugar a tenis, cuando mi vida sea más tranquila, iré solo muchas veces al cine a las cuatro de la tarde para poder relajarme.

Entonces, ¿no va nunca?

No, no. Voy al cine un viernes o sábado con mi novia o amigos. Siempre que puedo voy. Pero hay veces, como esta semana, que me apetecería irme solo después de acabar pronto mi partido, pero no lo hago. Muchas veces me siento observado, como si la gente dijese: ‘mira, este va solo’ (risas). Y yo con mis palomitas, mi Coca Cola… Antes lo hacía, cuando tenía 17 años y hasta los 23, pero ya no.

Coca Cola, palomitas… suena a vida normal. ¿Puede llevarla sin agobiarse?

Siempre agradeces ser valorado por tu trabajo y yo tengo la suerte de poder ir a todos sitios. Puedo ir a cualquier centro comercial o restaurante. Alguien me puede pedir una foto o un autógrafo, pero no tengo agobio ninguno. La gente conoce a David Ferrer, pero no es el caso de Rafael Nadal, Fernando Alonso o Pau Gasol. El propio Rafa se lo puede explicar. Él, siendo así, es de los más normales que hay y ellos sí que tienen problemas.

¿Qué le da miedo?

Miedo…

O fobias, como prefiera.

Fobias tengo varias. A las serpientes, por ejemplo. Y, sobre todo, a las ratas.

¿En serio?

Sí, tengo un gato, a veces me las trae y lo paso fatal. Menos mal que tengo a mi novia que es más valiente que yo en ese aspecto (risas).

¿Quién se ocupa si hay una rata en su casa?

Marta, Marta. Es mucho más valiente que yo. Es más, cuando hay algún ruido siempre dejo que ella sea la primera en ir a mirar (más risas).

Antes hemos hablado de historia y libros. ¿Es aficionado al arte?

No soy muy aficionado…

¿Alguna obra en especial?

Le diría la Gioconda porque es lo más famoso que he visto.

¿Y qué le pareció?

¡Me pareció súper pequeña! Increíble. Me quedé realmente sorprendido cuando vi el cuadro, pero no podría hablar de arte porque soy un ignorante.

¿Qué Música le gusta escuchar?

Un poco de todo, pero la música española me gusta. Siempre me ha gustado, desde que era joven, Platero y tú, que ahora es Fito y Fitipaldis. Me gusta la voz de ese grupo.

¿Se pone los cascos antes de salir a pista?

No. Cuando me pongo música es porque estoy un poco cansado o no tengo la motivación necesaria, pero en los últimos tres años he tenido la motivación suficiente para afrontar mis partidos sin música.

¿Cuánto influyen sus circunstancias personales a la hora de afrontar un partido? El estado de ánimo.

Me influye muchísimo. Mi vida personal tiene que estar muy bien. Si tengo una discusión con mi pareja, mi familia o hay algo en el equipo con lo que no estoy tranquilo, me afecta. Necesito estar bien y me cuesta mucho diferenciar el tema personal a la hora de afrontar mi trabajo. Necesito que todo esté bien.

Le iba a preguntar por su comida preferida, pero imagino que es la paella.

Es que es la que más me gusta…

¿Se puede tomar una buena paella fuera de Valencia?

Sí, claro. Hay otros sitios en los que se puede tomar una buena paella. De hecho, no fue paella, pero sí comimos arroz con bogavante en Pekín.

¿En Pekín?

Sí, en un restaurante español. Y estaba fenomenal.

¿Qué tal la comida allí?

Es difícil, aunque hay restaurantes italianos y puedes combinarlo, pero lo peor de Asia es el cambio horario. Es criminal. Tardas mucho en adaptarte.

 ¿Por qué es peor el cambio horario con Asia en lugar de Australia? Todos los jugadores sufren horrores en esa época del año.

No lo sé realmente, pero es muy duro. El año anterior lo pasé falta y esta temporada, hasta las dos semanas, no me he conseguido adaptar. Y luego vas a Australia, que son 10 horas, y te adaptas mucho mejor.

¿Con qué país se queda de todos en los que ha estado?

Australia. Me encanta la calidad de vida y también la gente. Es una lástima que esté tan lejos.

Entre tantos torneos, seguro que tiene alguna anécdota divertida. Agassi sudó corriendo por Melbourne Park porque pensaba que no llega a tiempo a su partido…

Lo leí, sí (risas).

Algo similar le pasó a Andújar en Wimbledon.

Sí, también lo leí. Esa es todavía mejor (más risas).

¿Le ha pasado a usted?

No… bueno, sí, algo parecido. Este año llegué a pista cuando me faltaban dos minutos. Estaba con Rafa García [su fisioterapeuta] porque Javi [su entrenador] esa semana no viajaba por problemas personales. Estábamos en el vestuario diciendo que no venían a por nosotros. Yo tenía un problema en la uña y haciendo un movimiento con la pierna me pegué en la uña y me tuvo que vendar otra vez. Y de repente, me vendó y le dije: ‘¡Ostras! Aquí no hay nadie, macho. Vamos a pista’. Y llegué muy justo. Pero yo iba tranquilo, andando, ¿eh? Pensando que no había ningún problema. El árbitro me miró con una cara… Luego me lo dijeron, pero no fui consciente de ello hasta que acabó el partido.

Dígame lo que le pone más feliz. 

Disfrutar de un día con mis amigos y familia. Y a nivel profesional, ganar un título.

Y ahora lo contrario, lo que más le entristece.

No poder hacer nada cuando hay una injusticia. Pasan muchas cosas así alrededor nuestro, en España.

Recuerde tres momentos clave de su carrera.

El primer torneo que gané en Bucarest, la primera Copa Davis y el primer Masters 1000.

La primera Davis, ¿para bien o para mal?

Más la segunda, le diría. La primera me sirvió para ganar las otras dos gracias a la experiencia de competir en una final. La primera Copa Davis fue bonita, pero en ese momento no estaba bien mentalmente. Había pasado problemas personales, lo que hablábamos antes, y el 2008 fue un año francamente malo. Luego, aquello me ha ayudado a madurar y creo que gracias a ese año mi vida cambió, tanto a nivel personal como a nivel profesional.

¿Lloró tras ganar en París el año pasado?

No lloré, pero fue un sueño cumplido.

¿Y tras perder Roland Garros?

No, tampoco lloré porque Rafa fue muy superior. Estaba triste porque no di la talla, no jugué un partido demasiado bueno, pero al cabo de dos horas estaba satisfecho por lo que había conseguido durante esas dos semanas en París.

¿Cómo se ve en 20 años?

Disfrutando de mi familia y de mis hijos.

Quizás haya sido capitán de Copa Davis en ese tramo de su vida.

Bueno, ya veremos. Me haría mucha ilusión ser capitán de Copa Davis, no le diré que no. Es un sueño por cumplir. Que salga o no es algo diferente, porque no depende de mí, pero por supuesto que me haría mucha ilusión.

Ahora le citaré algunos nombres y quiero que me diga su opinión sobre ellos. El primero, Manolo Santana.

El pionero del tenis español. Una persona que sigue vinculada al mundo de la raqueta y que pese a los años es un artista.

Michael Jordan.

El mejor deportista de todos los tiempos. Dejar el baloncesto, regresar y volver a ser el mejor… eso está al alcance de pocos.

Diego Armando Maradona.

No lo vi jugar a fútbol, pero es de lo mejor que ha habido futbolísticamente. No le conozco como persona y como imagen no estoy muy vinculado a él. No es una persona a la que me sienta unido.

Usain Bolt.

Es una bestia física, una proeza de la naturaleza.

¿Se ve capaz de ganarle una carrera? Es usted una bala en la pista. 

No, no (risas). Me ganaría incluso con una sola pierna.

¿Cuánto tarda en completar los 100 metros?

No lo sé, la verdad.

Muy rápido, seguro.

Ahora estoy un poco más lento, pero con 25 años estaba ahí, ahí. (risas).

Sigamos. Michael Phelps.

Otro fenómeno. Ha tenido problemas con la prensa, pero me cae bien. ¿Se ha podido equivocar en algún momento? Quizás, pero todo el mundo lo hace. Nadie es perfecto. Siempre hay algo cuando una persona es tan perfecta.

Roger Federer.

Talento y elegancia al mismo tiempo. Y un caballero en la pista. Roger ha sido el único jugador que nunca se ha retirado de un partido de tenis, incluso cuando ha tenido problemas físicos jamás los ha usado como excusa. Eso dice mucho de él como deportista y persona.

¿Ha sido?

No, todavía es. Federer todavía tiene mucho por dar. Un jugador de su talento y calidad tiene opciones de ganar un Grand Slam, si era esa la pregunta.

¿Había visto a alguien con esa facilidad para jugar a tenis?

No. Con esa facilidad y esa elegancia, que siempre llega bien a la bola, no he visto a nadie. Al igual que también le digo que no he visto a nadie tan espectacular como Rafa en momentos al límite.

Hablemos ahora de él.

Cuando Rafa está bien, es imparable. Las bolas a las que llega… es algo que no hace nadie.

Pero llega a esas bolas en situaciones extremas. Usted le tuvo contra las cuerdas en Madrid y Roma este año.

Sí, y mentalmente. Mentalmente Rafa es el mejor de la historia, pero con diferencia. No vi a Borg, que decían que era muy bueno, pero me da igual. Ni Borg ni leches. Rafa Nadal mentalmente es increíble, el mejor de la historia.

Rod Laver.

Poco puedo hablar de él porque es de otra época y no le he visto jugar, aunque sí algún vídeo.

David Ferrer.

Tranquilo y trabajador. Con el tiempo he logrado ser bastante más tranquilo y ordenado. De joven era mucho más impulsivo y desordenado. A veces, troglodita, por así decirlo.

 

  • lola del castillo

    Mira majo , cuando dejes el tenis espero que tengas la vida resuelta económicamente. Y si eres prudente no debes tener oproblemas económicos nunca.

  • Pablo1989

    Parece un tío majísimo. Ánimo Ferru, este año está siendo duro con las seis finales perdidas, pero volverás a ganar títulos

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