El otro número uno

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Los ojos de Enric Molina Mur (Barcelona, España; 1974) han perseguido millones de las trayectorias trazadas por las pelotas desde la una posición única. Sentado a más de dos metros de altura del suelo, en mitad del campo de batalla, el juez de silla español se retira en la cima, siendo jefe del arbitraje a nivel mundial para formar parte de una empresa de representación de deportistas junto a Àlex e Iván Corretja 20 años después de comenzar una carrera brillante. Días después de anunciar su adiós, el catalán atiende a TENNISTOPIC en Barcelona para repasar el capítulo más largo de su vida.

Usted quiso ser tenista. 

La verdad es que siempre tuve la ilusión de jugar a tenis. Obviamente, cualquier chaval pequeño que juega tiene la ilusión de ser un día un tenista profesional y llegar a convertirse en un campeón. Es lo que soñamos de pequeños. Pero a los 16 años, cuando se empiezan a apretar un poco más los estudios, tienes que tomar una decisión. Y ahí es cuando me decidí por los estudios.

Pero fue un gran jugador en categorías inferiores. Destacó. 

Sí, es cierto. De pequeño sí destaqué. En benjamín y hasta un poco alevín era de los mejorcitos, pero tampoco era algo para tirar cohetes, la verdad.

¿Ser juez de silla ha sido una forma de reinventar ese sueño?

De alguna manera ha sido así. Mi sueño era ganar un día en Wimbledon. No ha podido ser, lógicamente, pero sí he podido estar allí y en otros grandes torneos. Desde la primera línea he sido partícipe de auténticos partidazos. Arbitrar una final en Wimbledon, en cualquier otro Grand Slam, o en la Copa Davis, es un sueño hecho realidad.

Escaló desde la nada hasta llegar a convertirse en el jefe del arbitraje a nivel mundial. En España hay buena base, pero el camino en su profesión parece lleno de piedras. 

No es un camino fácil porque la profesión en sí es complicada. Requiere, obviamente, tener buena vista. Sin eso estás perdido y no puedes llegar a ningún lado (risas). Pero también exige otras cualidades: comunicación, temple, psicología o entender el juego. Sobre todo, lo que lo hace más complicado, es que gran parte del éxito de un buen juez de silla se basa en la experiencia. Y esa experiencia solo te la da el paso del tiempo, los años. Enfrentarte a situaciones que cada día te ponen a prueba. Cada partido es un reto y cada paso que vas dando te suma y ayuda para la siguiente situación complicada.

¿Por ejemplo?

Estar en un estadio con 25.000 personas, por ejemplo. Ya no tanto los jugadores, que al principio sí te pueden dar más o menos respeto, pero toda la repercusión que conlleva un partido de esta magnitud es muy grande.

¿Le dieron respeto los jugadores?

Sin duda. Y uno no, varios. La primera vez que arbitras a uno de los grandes… Cuando yo empecé, en la generación de Pete Sampras y Andre Agassi, y te sientas en la silla dices: “¡Guau!”. A toda esa gente los has visto por televisión, los has casi idolatrado, y ahora estás allí para hacer un trabajo. Intentas hacerlo bien. Pero es parte del juego. Te acostumbras muy rápido y hay un respeto por ambas partes que ayuda a ello. Vives con ello llevándolo con mucha normalidad.

Hablábamos de los orígenes. Empezó en el Godó, siendo línea con 14 años. 

Tengo muy buenos recuerdos. Si he llegado hasta aquí en mi carrera arbitral, si he podido hacer todo lo que hecho, ha sido porque desde bien pequeño me lo he pasado genial. Al final, fue una pasión que se convirtió en profesión. Imagínese a los 14 años. Me acuerdo de estar con mis amigos del Club de Tenis Barcino. Íbamos al Godó, nos daban el chandal, y estábamos alucinados de poder estar ahí sin pagar entrada. Mis ídolos de entonces eran Sergi Bruguera, Jordi Arrese, y el resto de jugadores de mi club. Y estar ahí, cerca de ellos, era alucinante.

¿De qué árbitro aprendió?

He intentando aprender de muchos. Cada uno tiene una cualidad particular. Uno es bueno en comunicación y otro lo es en entender el juego. Si tuviera que destacar alguno, sería Jorge Días, que había sido compañero mío en ITF cuando empecé. Carlos Ramos, obviamente, es un gran amigo que me ha ayudado mucho. O Mike Moretti, que lo dejó también hace tiempo. De los que están, compañeros actuales, Pascal Maria es uno de los mejores. Hay muchísima gente de la que he aprendido.

¿Ha pasado miedo en la silla?

No, miedo, no. Pero sí nervios, notar la presión y decir: “Enric, ahora no la puedes pifiar”. Eso me ha pasado muchas veces y ese es el gusanillo que nos motiva para entrar a la pista. Tenemos bastante presión si lo pensamos, pero a la vez es lo que motiva. Miedo no, pero sí hay situaciones en las que dices: “Ahora me voy a centrar en la próxima bola y en nada más”. Porque la situación te puede sobrepasar.

¿Cuántas veces ha tenido que convencer a un jugador de que una bola era mala cuando ni usted mismo estaba seguro de ello?

No le voy a engañar. Parte de nuestro trabajo es ese. Obviamente, no se trata de engañar a nadie, pero sí considero que debemos vender los cantos. Hay momentos en un partido en los que no puedes estar seguro porque hablamos de milímetros sacando a 240 kilómetros por hora. Es imposible estar seguro, pero sí crees que lo mejor para el devenir del partido es vender el canto y lo confirmas. Y esa esa la confianza y credibilidad que también te ganas con los jugadores a lo largo de los años. Engañar no, jamás. Pero tienes que ser tan honesto como vaya a vender el canto. Si tienes que ser honesto y cada vez decir: “¡Ostras, perdona que la he pifiado y me la he comido!”. No, no. Esto no va a funcionar.

El Ojo de Halcón ha ayudado al desarrollo del juego, no hay duda, pero ha traído cierta controversia. ¿No hay relajación en algunos jueces de silla? Que lo haga todo la máquina, parece en muchas ocasiones. 

Ha ayudado muchísimo a nivel de juego. A la gente, aficionados y televisión, les encanta. Además, los jugadores se quedan más tranquilos. En este sentido nos ayuda mucho, pero es cierto que nos pone mucha más presión. Y también es cierto, no pasa nada por decirlo, que muchos árbitros se ponen el cinturón y toman menos riesgos. Yo siempre he procurado, y así se lo he intentando transmitir a mis compañeros, que cualquiera puede subirse a la silla para cantar el resultado. La credibilidad con el jugador te la ganas mojándote. Acertando, lógicamente, pero mojándote. Me ha pasado muchas veces. Corriges y te equivocas. Bueno, pues no pasa nada. Tienes una credibilidad detrás para que te sostenga. Pero es cierto que hay gente que no se moja y lo considero un error.

¿Comparte la modificación de la regla del time violation?

Sí. Ha sido muy positiva y lo será aún más en el futuro. Había un pequeño problema con eso. La gente se fija mucho en los grandes nombres como Rafa o Novak. Es cierto que igual iban un poco más lentos entre punto y punto, pero también había muchos otros más. Hay que ser autocríticos. Quizás, nosotros no aplicábamos la regla de la manera que deberíamos. Este nuevo cambio nos da más herramientas, más flexibilidad para tomar decisiones. El juego ha acelerado mucho más, viendo los resultados, y no creo que ahora tengamos el mismo problema.

Las estadísticas relevan que Nadal se excede entre punto y punto más de lo permitido. ¿Se mira distinto a los jugadores de arriba a la hora de sancionar?

Sinceramente, no. Antes era un problema en general. No aplicábamos seguramente la regla como deberíamos a Rafa, a Novak, y al 150 del mundo. He intentando mantener el contacto estos años con los torneos base, con los Futures y 10.000, y cuando hacía de supervisor allí me parecía escandaloso. Es lógico que la gente se fije en los de arriba. Y si los de arriba van lentos, pues surge ese debate de que se sancionan a unos sí y a otros no. Pero era en general,  no algo particular de Nadal y Djokovic.

¿Cómo se controla el coaching? Sabe varios idiomas, pero igual el serbio…

Serbio poco. El marcador y las típicas frases para mantener al público bajo control (risas). El tema del coaching es complicado. Nosotros venimos de una cultura en la que está aceptado ayudar al jugador desde la grada. Es así la cultura latina. En cambio, si vas a la anglosajona, está totalmente mal visto y nadie lo hace. Nadie. Ahí hay un conflicto. ¿Cómo lo controlamos? Si veo que hay alguien hablando en un idioma que no entiendo o no puedo oír porque está lejos, se habla con el jugador y se le dice que si va a hablar, lo haga en un idioma que pueda entender y que el silla lo oiga. Si no lo hace, tenemos que pasar a aplicar el código de conducta.

¿Y no sería más lógico permitir que el entrenador bajase a pista para ayudar al jugador? En el circuito WTA está permitido. Al final, el tenista paga un viaje y todos los gastos a un técnico para que en el momento más importante no le pueda ayudar. 

Como árbitro, me hubiera ayudado mucho que el coaching estuviera permitido porque las he tenido de todos los colores por ese tema, pero considero que el tenis es un deporte individual. El trabajo del entrenador se debe quedar en los entrenamientos. Tiene que estar ahí en la grada, porque es parte de su trabajo ver cómo juega el jugador y animarlo, darle el apoyo que pueda, pero a nivel técnico creo que es uno contra uno. ¿Por qué se permite en Copa Davis? Porque es una competición por equipos. No veo mal que esté restringido en un deporte individual, aunque sé que hay otros en los que está permitido. Son temas culturales, como le comentaba antes. En Australia, Inglaterra o Estados Unidos, no hay un entrenador que lo haga. Está tan asimilado, tan asumido, que no se puede hacer. El que abre la boca parece que es un ladrón.

Stakhovsky sacó su teléfono móvil para hacer una foto a la marca de una bola. Troicki hizo lo mismo, pero con una cámara de televisión… 

Es un poco show. Hay que tomarlo como una anécdota, como algo gracioso. Obviamente, nosotros tenemos la responsabilidad de no permitirlo, penalizando en este caso al que se pase de la raya. En el arbitraje, en cualquier tipo de arbitraje, una de las claves es no tomarse nada como algo personal. Y tener unas espaldas bien anchas con unos hombros bien grandes. Arbitrar lo mejor que puedas, pero no tomarte nada de forma personal. Hay que entender que los jugadores juegan con mucha presión. Hablábamos antes de la psicología. Ellos se juegan mucho y pueden reaccionar en ciertas ocasiones de una manera que no deberían, pero es parte del juego. En estas situaciones, como las de Stakhovsky o Troicki, hay que darles un código de conducta, un aviso con una sonrisa, y ya está.

Le tocó vivir en primera persona el Santoro-Clement de Roland Garros 2004. Más de seis horas y media. 

Eso fue largo (risas). Es uno de esos partidos que han sido complicados, lo comentábamos antes. Eran dos jugadores difíciles y en Francia. Cuando juegan dos de la misma nacionalidad, y en su país, la cosa tiene más miga. Fue un gran partido. Tuve que trabajar duro, aunque salió muy bien. Obviamente, estar seis horas y media en la pista fue curioso. En su día incluso el récord. Luego llegaron estos dos bombarderos de Wimbledon, Isner y Mahut, y lo superaron con creces.

¿Qué hizo para no distraerse? Los propios jugadores se toman un respiro de forma inconsciente, cediendo algún punto o un saque.  

Claro, esa es una de las claves que decía antes. Tener la habilidad para mantener una concentración alta durante tanto tiempo. Lo vas trabajando. Y te centras en el siguiente punto. Eso es lo más importante. Lo que ha pasado antes no vale. Hay que ir punto a punto, como ellos. Intentas desconectar un poco en los cambios, pero manteniéndote siempre dentro del partido.

¿Cómo?

Lo que me ha ayudado mucho en mi carrera ha sido intentar leer y meterme en los partidos. Cuando he tenido problemas ha sido por falta de concentración, por estar pensando en otra cosa, y no estar metido en el partido. Ahí empiezas a dudar y no te sientes cómodo. Si te metes, si analizas la psicología del jugador en cada instante, midiendo los momentos complicados, los puntos de break, los finales de set… buscar siempre cositas que te mantengan dentro del partido.

No le costaría mucho en el partido entre Roger Federer y Marat Safin del Abierto de Australia 2005. Con 9-7 en el quinto set y punto de partido levantado por el ruso…

Es el partido de mayor calidad que recuerdo haber arbitrado. Fue algo espectacular, fuera de lo normal. Jugaron a un nivel imposible. Roger ya era número uno, había ganado Wimbledon, y jugaba a un nivel increíble. Y llegó Marat y pegaba palos desde todos lados. Fue un partido épico. En la silla fui consciente, pese a estar concentrado, de que estaba viviendo algo especial. Y me dije: “Es algo especial, así que no la cagues”. Un gran recuerdo (risas).

¿Y la despedida de Andre Agassi en Nueva York? También estaba usted arbitrando ese encuentro. 

A nivel emocional, un partido de los más bonitos en los que he estado. Cuando yo jugaba, de pequeño, Agassi era uno de mis favoritos. Lo veía con los tejanos y la melena en Roland Garros y era un ídolo. Después, lo arbitré muchas veces. El año anterior hice su última final de Grand Slam, precisamente en Nueva York y contra Federer. Y al año siguiente, tener la oportunidad de estar en su último partido fue algo muy emocionante. El discurso que hizo luego delante de todo el mundo… se nos caían las lágrimas.

Le ha tocado vigilar cuatro finales grandes. ¿Con cuál se queda?

Todas han sido especiales, pero me quedaría con dos. La primera, por todo lo que supone eso en la carrera de un juez de silla. Había hecho finales de Copa Davis y otros torneos, pero esa fue muy bonita en Nueva York [2005] entre Agassi y Federer. Y la de Wimbledon fue un sueño. Por ser allí lo primero. Muchos años no había tenido la ocasión porque Rafa siempre estaba en la final o en semifinales y eso ya me descartaba. Además, fue una final con un británico por primera vez tras 76 años. Eso lo convirtió en una ocasión histórica. Ser parte de ella fue algo indescriptible.

¿Y de Copa Davis? 

La primera también fue bastante complicada [Eslovaquia-Croacia en 2005]. Era un país pequeño que nunca había tenido, ni seguramente tendrá, la oportunidad de ganar la Davis otra vez. Se llegó al quinto partido, que arbitré yo también. Difícil. Y la de Serbia y Francia de hace unos años fue un reto. El público, con Djokovic allí y todo lo que suponía para ellos… fue complicada en general.

¿Es cierto que le escoltaron en Suiza en una eliminatoria?

Parece mentira, ¿verdad? En Suiza, además. Por lo general, las eliminatorias de Copa Davis más complicadas suelen ser en Sudamérica, en Argentina. Es como ir a un estadio de fútbol, a la Bombonera. Un ambiente espectacular, pero muy complicado. Pero esa serie de Suiza fue muy rara. Jugaban contra Holanda y allí [en Suiza] la gente es súper correcta, muy amable. La cosa se fue calentando, los jueces de línea no estuvieron bien, tuve que hacer una corrección en un punto de partido, con Wawrinka jugando muy joven, y además perdieron el partido y la eliminatoria. El capitán, que era Marc Rosset, no ayudó mucho y hubo alguien que se puso un poco más nervioso de la cuenta y tiraba cosas. Así que nos escoltaron. La seguridad suiza, a la más mínima, te pone escoltas (risas). No fue a más, afortunadamente.

Hablando de públicos, Wimbledon es punto y aparte, ¿verdad?

El respeto que se tiene en Wimbledon al juego, a la historia del deporte, a los jugadores, a los árbitros… es algo indescriptible. El que lo haya vivido seguro que estará de acuerdo. Se respira respeto por todos lados. Hay un silencio sepulcral en la central. Hay mucho ambiente, por supuesto, pero casi no tienes que pedir silencio al público. Se callan cuando el jugador se acerca a la línea de fondo para sacar. De repente, silencio. Ahora, con Murray, hay más agitación, como pasaba antes con Henman. Hice la final de 2012, entre Federer y Murray, la primera vez en 76 años que llegaba un británico, y la gente estaba un poco más futbolera, pero igualmente hay un respeto espectacular.

En Madrid, el año pasaron, abuchearon a Djokovic en el partido con Dimitrov. El Godó puede presumir de tener una cultura tenística impecable. ¿Por qué?

El Conde de Godó es un torneo de muchísima tradición, que lleva disputándose muchos años. Es peculiar porque se juega en un club de tenis. Hay personas que llevan por allí toda la vida casi. Eso se nota en la pista. El torneo de Madrid, como muchos otros torneos, es un torneazo que coincide con un momento espectacular de tenis en España por culpa de Rafa, principalmente. Nadal es un fenómeno. Igual que Fernando Alonso en la Fórmula 1 atrajo a muchísima gente que no sabía de ese deporte, y lo ha hecho popular, en el caso de Rafa ha pasado lo mismo en el tenis. En Madrid, se juega en un estadio mucho más grande y hay gente que no es de tenis, que le encanta, y eso es muy positivo, pero que aún no entiende. Me ha pasado en Serbia, durante una eliminatoria de Copa Davis. Era un público muy pasional, muy forofo, pero no entendían de tenis. Ese era el problema. En Madrid sí entienden de tenis porque hay mucha tradición, muchos clubes. El fenómeno Rafa ayuda mucho, pero en este caso sí atrae a mucha gente que todavía no entiende. Y querrá, supongo, aprender.

Ese fenómeno Rafa del que habla le ha afectado también. Podía haber estado en muchísimas más finales de Grand Slam si no hubiese coincidido con él. 

Esto es evidente (risas). A Rafa lo conozco desde pequeño. Le tengo mucho cariño y admiración. Y me siento afortunado de haber coincidido en el tiempo con él. Si no es el mejor, seguro que es uno de los mejores deportistas de la historia. Al nivel de Federer, obviamente. De Michael Jordan, de los mejores futbolistas… un fenómeno. Y también como persona. Se queda en una anécdota lo de las finales. ¿Podría haber hecho diez finales más de Grand Slam? Pues sí. Rafa ha estado en 19 finales y, seguramente, 15 más o menos las podría haber hecho yo. Me habría gustado, pero estoy muy contento de lo que hecho y de haber podido compartir época con Nadal. Cualquiera de nosotros, seas árbitro, periodista, entrenador, jugador, tenemos que estar agradecidos a lo que ha hecho él. Es un fenómeno.

“Carlos, me estás diciendo una barbaridad. Una barbaridad. No quiero jugar. No quiero seguir jugando”. Esa mítica frase de Nadal a Bernardes en la Copa de Maestros reflejó un momento de tensión. ¿Tiene alguno así en su historial?

Peores, mucho peores. Rafa estuvo súper educado ahí. Madre mía (risas). Por desgracia, he tenido que lidiar con alguna situación complicada en pista. Tener que descalificar a algún jugador, por ejemplo. Eso es lo peor para un árbitro, llegar a ese momento.

Koubek en Roland Garros. 

Sí. Fue mala suerte, la verdad. Ya estaba la cosa caliente, tiró la raqueta y al botar impactó en la cara de un niño recogepelotas que estaba detrás. No tenía mala intención, pero tienes que hacer tu trabajo y descalificarle.

Por cierto, ¿guarda la moneda de cinco francos suizos?

La guardo, la guardo. No sé qué haré con ella. Tengo un despacho en una habitación donde guardo algunos recuerdos. No soy muy sentimental en ese sentido. Conservo los platos o medallas que me han dado, algunos premios tras arbitrar finales. La otra cosa que guardo son todas las acreditaciones de los torneos en los que he estado. Un día, cuando me retire, las pondré todas en una mesa de cristal. Aunque igual necesito una mesa muy larga para que entren todas (risas). La moneda la guardaré, es algo bonito.

¿Cuántos partidos ha arbitrado?

Los tengo apuntados, lo tendría que mirar. Tengo apuntados desde que me saque la titulación internacional. No sabría decirle una cifra. Si hacemos una media de unos 150 partidos al año, y llevo 20 años… unos 1000 fijos.

Ahora le voy a nombrar algunos jueces de silla destacados de los últimos años. Dígame lo que quiera de ellos. Empezamos con Steve Ullrich.

Tenía una vista de lince. He hecho de juez de línea para él. Es un tipo muy profesional. Hay gente que lo ha criticado por no comunicar como otros, pero es realmente bueno.

Jake Garner.

Le tengo mucho cariño porque creo que le he ayudado bastante en su carrera. Es uno de los mejores árbitros actuales y tiene todavía mucho potencial por sacar. Entiende la psicología del jugador y eso me gusta.

Carlos Bernardes.

Gran amigo. Una de sus mejores cualidades es que al jugador siempre le cae bien, aunque estén enfadados. Es una buena cualidad. Lo ven tan bonachón… (risas). No, ahora en serio. Es muy buen árbitro por otras razones, pero eso sin duda es un mérito que tiene. Caerle bien a todos los jugadores.

Mohamed Lahyani.

Mohamed es uno de los mejores, con una vista espectacular y mucha personalidad. A veces, y lo puedo contar porque se lo he dicho a él, se pasa y no lo necesita. No le hace falta todo el show que pone a su alrededor porque es un grandísimo árbitro. Los jugadores le respetan mucho, como a Bernardes. Y no es porque sea simpático, que lo es, es por ser un buen juez de silla.

Carlos Ramos.

Es como un hermano. Me ayudo mucho en mis inicios y espero haberle ayudado también. Es uno de los mejores. Tiene buena psicología y es un tío justo. Hace lo que tiene que hacer sin pesar las consecuencias. Ha tenido muchos problemas con muchos jugadores, algunos de nuestro país, y conocido, pero es por hacer su trabajo. En el caso de Rafa, por ejemplo, el aplicarle el tiempo. A él no le gusta, claro. También ha pasado con muchos otros, como Novak. Pero hace su trabajo.

Lars Graff.

Ha sido un referente. Veía muy bien la bola. Una de sus cualidades, aunque no sea mi estilo preferido, era ser muy militar, en el buen sentido. Es decir, toma la decisión y va con ella hasta el final. Su voz y su presencia ya lo vendían, estuviera acertado o no.

Alison Lang.

Ali Hughes ahora, que se casó. Es una de las mejores árbitros femeninas que tenemos. Ha estado muchos años al máximo nivel con nosotros en ITF. Y, por qué no decirlo, ha tenido la suerte de venir de un país donde se disputa un Grand Slam, que eso siempre ayuda en nuestro mundo, y lo ha sabido aprovechar.

Pascal Maria.

Otro personaje. Distinto, pero tipo Lahyani en el sentido de que es una persona muy extrovertida, muy visceral. Es uno de los árbitros que salen del molde, para lo bueno y lo malo. Muy buen árbitro con gran personalidad. Si preguntas a cualquier jugador, quizás le diría que no le cae bien, pero que le quiere arbitrando en su partido por lo bueno que es.

¿Y por qué lo deja ahora?

No es una decisión nada fácil, pero tenía claro que cuando tuviese que salir, cuando dijese adiós al arbitraje, lo haría en lo más alto y todavía disfrutando, que es lo que estoy haciendo ahora. La vida son etapas y yo estoy muy agradecido a todo lo que me ha dado este mundo. A toda la gente maravillosa que he conocido. Me ha formado como profesional, sin duda, pero también como persona. Ahora se me ha presentado una oportunidad de seguir ligado al tenis y al deporte intentando trasladar todo lo que he aprendido a otro nivel, a otra faceta. Pero al final sigo ligado al tenis, que es lo que me gusta.

Todo el mundo habla bien de usted. No puede ser casualidad. 

Es muy bonito. Lo tomo como un regalo en mi despedida. El aprecio de tantas personas, con las que he compartido momentos, y otras que ni conozco, ahora mismo con esto de las nuevas tecnologías, es increíble. Me parece una barbaridad que tanta gente me quiera, me aprecie y valore lo que he hecho. Nunca he hecho nada ni en el arbitraje ni en la vida para ganarme el aprecio de la gente. He intentado ser yo mismo, respetando a todo el mundo. Y nada más. Pero claro que agradezco mucho el apoyo. Aún no he tenido tiempo de ver todos los mensajes.

¿Cómo vislumbra ese horizonte cercano con Àlex e Iván Corretja? 

Como un gran reto. Estoy motivado e ilusionado. Son personas que me han dado la oportunidad de ser parte del proyecto. Fueron ellos los que vinieron a ofrecérmelo. Conozco a los dos desde hace mucho. Con Àlex he compartido grandes momentos en el circuito cuando él estaba ganando torneos y siendo lo que ha sido, no voy a descubrirlo yo. He sentido admiración por él, como por muchos otros antes. Por Albert Costa, Carlos Moyà, Juan Carlos Ferrero… toda esta generación increíble. Tener la ocasión de trabajar con ellos, e intentar sumar a este proyecto, me tiene muy motivado. Como le digo, hemos creado una agencia de representación de deportistas. Obviamente, estaremos muy centrados en el tenis, pero pretendemos dar un servicio especial, muy personal al jugador. Y aportarle todo lo que sabemos. La experiencia de Àlex como jugador, como entrenador, como comentarista… como una persona todoterreno dentro del mundo del tenis. Y todo lo que yo he aprendido, no tanto de arbitraje, que intentaré transmitir algo de reglas, pero sí de la experiencia que tengo del deporte por mi faceta dentro de la ITF, por contactos y por saber cómo funciona esa industria. Iván lleva muchos años como representantes de jugadores, no solo de tenistas, también de futbolistas y otros deportes. Pensamos que haremos buen equipo. Somos amigos y muy buena comunión.

No me diga que no se ha planteado escribir un libro con las diez millones de anécdotas que guarda en su cabeza. 

Si me lo he planteado es porque hay muchísima gente que me lo dice (risas). Pero soy una persona de perfil bajo, que me encuentro más cómodo ahí. Tengo muchas cosas que podría contar, pero también hay muchas que se deberían quedar para mí. Cosas que se quedaron en la pista, en el vestuario, en el hotel o en el avión. Por respeto a los jugadores y a todos los actores que forman parte de esta película que es el tenis.

Y ahora que dice adiós. ¿Qué regla cambiaría o introduciría? 

Creo que hay que evolucionar, sin duda. Elementos como el Ojo de Halcón hay que valorarlos e introducirlos en el tenis, pero tampoco es un deporte que haya que tocar mucho. Soy muy purista en ese sentido. El tenis ha llegado hasta aquí por lo bonito que es, por los valores que transmite. El que quiera intentar venderlo mejor, cambiar cosas, o hacer que se parezca al fútbol americano, europeo o al baloncesto estadounidense, creo que se equivoca. Rompería la esencia del tenis. ¿Hacer cosas para que el juego sea más atractivo o divertido? De acuerdo. En Nueva York, durante el Abierto de los Estados Unidos, ponen música en los cambios. Si lo planteas en Wimbledon te echan al instante. Hay que respetar esto, pero a nivel de reglas no hay mucho que tocar o cambiar. Hay que estar atentos, siempre mirando cómo mejorar y cómo evoluciona el juego y la vida en general, pero poco más.

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