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Conchita Martínez: “Es muy posible que otra española gane Wimbledon”

Ángel G. Muñiz desde la ciudad de Madrid

Inmaculada Concepción Martínez Bernat siempre será Conchita Martínez (Monzón, España; 1972), la niña que pegaba pelotazos contra cualquier pared desoyendo las súplicas de su madre: “¡que me vas a ensuciar la pared! ¡Cuidado con el cristal!”. Horas y horas chocando contra un frontón al que llamaba Martina Navratilova. Y sí, precisamente ella, su ídolo, fue la víctima elegida para el gran triunfo de la carrera de Conchita. Era 1994, sobre la sagrada hierba de Wimbledon, y nacía Conchita Navratilova, bautizada así por Miguel Ángel Bastenier en El País. “A Conchita le cupo cada palmo cuadrado de la verde hierba londinense en la cabeza, hasta el extremo de que sus restos parecían jugadas de ajedrez. Alfil 3 a Reina destronada. Jaque”.

Pregunta. ¿Recuerda qué día ganó Wimbledon?

Respuesta. Ay, lo tenía… (duda e intenta recordar) ¿Julio, no? Lo sabía, pero no. Aparte mi memoria es muy mala, no retiene ya.

P. El 3 de julio.

R. 3 de julio, sí.

P. “De pequeña jugaba en el frontón de mi casa contra Navratilova. El muro era ella. Siempre ha sido mi ídolo, por su juego de servicio y volea, por su agresividad. Pero todo eso ahora no cuenta y si estoy tranquila, si puedo desarrollar todo mi juego, puedo ganar”. Lo dijo usted horas antes de aquella final.

R. A ver, no me acuerdo exactamente que dijese eso pero todo es verdad. Todo es verdad, sí, sí. Todavía sigue el frontón ahí. Jugaba contra Martina y jugaba contra McEnroe, imagínese… Así se me pegó su juego.

P. ¿Ganaba?

R. Al frontón es un poco complicado ganar, ¿eh? Pero bueno, algún juego ganaba seguro. Alguno, seguro.

Todavía sigue el frontón ahí. Jugaba contra Martina y jugaba contra McEnroe, imagínese…

P. Lilí Álvarez, tres veces finalista en Wimbledon en los años 20, no se cansaba de repetir que estaba muy bien ganar Roland Garros, pero que la diferencia la marcaba Wimbledon. Que era allí donde había que ganar. ¿Wimbledon es tan diferente a los otros tres grandes?

R. Sí, es diferente. Todo lo que conlleva jugar en Wimbledon, aparte de la superficie. Toda su historia y todas las reglas que hay ahí hacen que todo sea diferente. Es un Grand Slam y todos son muy importantes, pero quizá toda su historia le hace especial y la gente se siente especial allí. Es diferente, sí.

P. ¿Qué recuerda de ese día? De las horas previas al partido…

R. Pues ya le digo que han pasado muchísimos años (risas). Recuerdo que no estaba nerviosa por el partido, sino porque venía Lady Di. Tenía que hacer una reverencia, girarme y tal: “bueno cuando llegues a la línea de saque, date la vuelta”. Y estaba más nerviosa de no fallar ahí. Yo creo que igual eso me quitó un poco los nervios del partido. Pues mira qué bien, ¿no?

P. ¿Ensayó más esa reverencia que la táctica del partido?

R. No, la verdad es que estaba tranquila. Puede sonar un poco así, pero en Roma había jugado contra Martina y la había ganado bien. Y creo que eso me dio la confianza de que también lo podía hacer en hierba. Había pegado un cambio los últimos años y en ese Wimbledon tuve una semifinal larguísima donde tuve que practicar mucho mi passing. Y bueno, que Martina fuese zurda era distinto, pero yo salí con confianza de que la podía ganar porque la gané bien en Roma.

P. Dice Martina que nunca ha visto un passing de revés y la han pasado tantas veces y con tanta calidad como aquella tarde.

R. (Suspira) Bueno, la verdad es que me subió muchísimo al revés y yo lo tenía muy bien entrenado. Venían diferentes ángulos, pero estaba bien y estaba muy fina. Aceleré muy bien, me agaché muy bien… Lo hice todo bastante perfecto. Cuando te suben tanto, o pasas, o pierdes.

Lo hice todo bastante perfecto. Cuando te suben tanto, o pasas, o pierdes.

P. ¿El mejor partido de su larga carrera?

R. (Duda) Uf, no lo sé. Yo tengo muchos recuerdos de buenos partidos, pero por supuesto que aquel fue memorable. Es memorable. Y jugué muy, muy bien.

P. Cuentan los que vivieron en directo aquella final que nunca se le vio sonreír tanto en una pista de tenis. Que siempre jugaba con gesto serio y concentrado, y aquella tarde disfrutó.

R. Pues no lo sé. No lo sé, la verdad. (Sonríe) No sabría decirle. Pero bueno, para eso está la gente que te ve. Tú cuando estás concentrada y jugando no te fijas en si estás sonriendo o no. Pero, vaya, estaba tranquila. También hubo momentos de tensión, cuando se me estaba empezando a cargar el glúteo. Quizás se refieran a cuando gané, que ahí seguro que sonreí…

P. Recuerde aquella celebración, entonces.

R. Seguro que sonreía, ¿cómo no voy a sonreír? Cuando acabas de ganar Wimbledon y haces algo tan enorme, pues estaba contentísima.

P. Ya con su plato de campeona, apoyó la cabeza en el hombro de Martina.

R. Recuerdo ese momento. Me dan el plato y lo primero que hago es levantarlo y celebrarlo. Y después recuerdo que de alegría y supongo que por todo lo que representaba Martina, por el frontón y todo esto… Jugar una final contra ella, ganarle en Wimbledon, ella va a por su décimo, pues imagínese.

P. En ningún momento le dio pena ganar a su ídolo…

R. No, para nada. Para nada. Ya había ganado muchos. No, a ver, cuando eres profesional y ya has jugado varias veces con ella, ya está. Ya se te pasa.

P. Y antes de la rueda de prensa, conoció a Lady Di, reverencia aparte.

R. Y al Príncipe William. Fue un momento muy, muy especial. Entrañable, entrañable. Tuvimos una corta conversación y muy bien. Antes de la final me preguntaron qué echaba en falta y dije “que venga Lady Di”. Y vino.

Me preguntaron qué echaba en falta y dije “que venga Lady Di”. Y vino.

P. ¿Conserva algo de aquel día? La raqueta, la muñequera, la camiseta…

R. El trofeo.

P. ¿Dónde?

R. En mi casa.

P. ¿En un lugar privilegiado?

R. Ahora mismo, no, porque estoy de reformas. Lo tenía en una vitrina con muchos trofeos. Ahí volverá, aunque te dan una réplica y es bastante pequeñito. Es el más destacado, por supuesto, por todo lo que representa, pero hay trofeos muy importantes.

P. Diga otro que se acerque a ese nivel.

R. Los cuatro de Roma, por ejemplo. La final en Roland Garros, aunque sea un plato. Y los que son muy bonitos son los que te dan en Estados Unidos, que son de cristal y realmente espectaculares. Todo lo que consigues son buenos recuerdos. Por supuesto que Wimbledon siempre será lo más, pero… todos.

P. La última. ¿Volverá a ganar una tenista española en Wimbledon?

R. Ojalá. Y es muy posible. A ver, vosotros cuando habéis visto a todas las jugadoras españolas hacerlo tan bien en Roland Garros como este año. ¿Puede ser, no?

P. ¿Algún nombre?

R. Ahí ya no. La que sea. La que sea, pero que lo gane.

  • lola del castillo

    Si , dentro de cien años, puede ser. Todo es posible

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