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Arthur Ashe

Caen las tardes de los últimos días del estío en Nueva York, acompasadas por el vuelo de los aviones procedentes de los cercanos aeropuertos de La Guardia y JJK que colorean el cielo estadounidense. Mientras en el mayor templo tenístico del planeta, la Arthur Ashe (con capacidad para más de 22.500 espectadores), se libra la última gran batalla para alcanzar el intocable. Es el cuarto Grand Slam de la temporada.

Las barras y estrellas custodian el único grande que se celebra de manera ininterrumpida desde su edición inaugural en 1881. Las Guerras Mundiales, protagonistas en las primeras décadas del siglo XX, detuvieron la competición en Australia, Londres y París. Inmune al fuego, la pista americana ha dado cobijo a 66 jugadores que han logrado inscribir su nombre en el palmarés de campeones. Pero sólo uno lo inmortalizó para siempre en la historia del torneo, Arthur Ashe. El afroamericano fue la primera raqueta en estrenar la vitrina en la Era Open (1968). Como premio firmó la eternidad. Su nombre quedó grabado para siempre en el mayor estadio de tenis del mundo, ubicado en Flushing Meadows.

El espectáculo y la renovación se funden en el Abierto de Estados Unidos. Siempre un paso por delante. Vanguardia y show van de la mano en territorio americano. Y su Grand Slam no es menos. En 1970 fue el primero que empleó el tie-break en la manga final, algo que aún no han adaptado ninguna de las otras tres grandes competiciones. Entre 1970 y 1974, el US Open aprobó una muerte súbita al mejor de nueve puntos, aunque en 1975 terminaría adaptando el sistema de tie-break utilizado en la actualidad. Además, es el único de los cuatro grandes que ha teñido su tapete de juego con tres superficies distintas. La hierba que también pisó el Open de Australia y habitualmente lo hace Wimbledon, la particular tierra batida verde, aderezada con un componente químico capaz de causar reacciones alérgicas en el contacto con la piel de los jugadores, hasta la pista dura que hoy alberga la competición neoyorquina. En todas ellas se impuso Jimmy Connors para sumar un total de cinco trofeos. Como Roger Federer y Pete Sampras. Comparten la marca de pentacampeón y nadie ha levantado más títulos en la Era Open. Antes, Richard Sears, William Larned y Bill Tilden, con siete entorchados firmaron también méritos para ascender al Olimpo en suelo americano antes de 1968.

No obstante, dos raquetas más mantienen intactos sus recuerdos en el US Open, Rod Laver y Rafa Nadal. En 1969, el australiano completó el segundo Grand Slam de su carrera. La lluvia obligó a trasladar la final al lunes y sólo 3.708 espectadores pudieron seguir en las gradas aquel hito que Rod Laver firmaba por segunda vez en su carrera. Más de 40 años después, Nadal se convirtió en la Arthur Ashe en el último de los siete hombres capaces de coleccionar los cuatro Grand Slam (Fred Perry, Don Budge, Rod Laver, Roy Emerson, André Agassi y Roger Federer). El manacorí siguió los pasos que sus compatriotas  Manolo Santana (1965), primero, y Manolo Orantes (1975), después, ejecutaron en el último Abierto del año.

Otro de los denominadores comunes del US Open con la llegada de este milenio fue su capacidad para convertirse en una lanzadera hacia el número uno. Marat Safin (2000), Lleyton Hewitt (2001), Juan Carlos Ferrero (2003) y Andy Roddick (2003) sumaron los puntos suficientes en el Abierto de Estados Unidos para encaramarse a lo más alto del ranking ATP. Todos estrenaron su vitrina de Grand Slam en Flushing Meadows, salvo el valenciano que lo hizo en París (en EE. UU. disputaría la final).

Estados Unidos es conocida como la tierra de las oportunidades. Y eso lo sabe bien Juan Martín Del Potro. En las últimas ocho temporadas sólo se ha podido colar un nombre en el palmarés de los Grand Slam que no fuese el de Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic o Andy Murray. El del argentino. La escena se remonta hasta 2009. El tenis albiceleste debía retroceder sus memorias hasta 1977 para encontrar en la silueta de Guillermo Vilas un campeón en el US Open. Al otro lado de la red esperaba Roger Federer. El suizo encadenaba cinco entorchados de manera consecutiva (2004-2008). En una tarde de sueños y fantasías, Del Potro se entrometió en el camino del ‘Big 4’ que domina el territorio Grand Slam en la segunda década del siglo XXI.

En el cuadro femenino, la primera edición se celebró en 1887. A raíz de una extendida tradición americana en otras disciplinas, hasta 1935 se disputaron en fechas y clubes distintos. Molla Bjurstedt fijó el récord de victorias individuales (8), mientras que Helen Wills se quedó con siete. Ya en la Era Open, el Abierto de Estados Unidos fue el primer Grand Slam en igualar los premios entre hombres y mujeres. En 1973, John Newcombe y Margaret Court ingresaron 25.000 dólares en sus arcas por la victoria.

Finalmente, para combatir las inclemencias meteorológicas que azotan Manhattan antes de la llegada del otoño, la USTA (Federación Estadounidense de Tenis) ha tomado medidas y ha adoptado un plan renove para 2017. La Arthur Ashe tendrá techo para aquella fecha. Los días de lluvia ya no interrumpirán las jornadas de tenis, aunque no impedirá que el cielo americano siga brotando lágrimas que añoran un campeón local. Agua para una sequía que se extiende durante una década.

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